Las estrellas de verdad son otras y no están reconocidas


La publicación de la cantidad que, por contrato, cobra Messi por cuatro años en el Barça ha hecho correr, estos últimos días, ríos de tinta en prensa especializada o no. Son 555 millones de euros, que se dicen y se escriben muy rápido, pero si se piensa, y más en el contexto en el que vivimos de pandemia sanitaria y profunda crisis económica y social, es algo totalmente irreal.

Evidentemente siempre habrá quién lo justifique, el fútbol es uno de los deportes más populares y los clubes son empresas que generan ingresos y beneficios y esos ingresos dependen de las estrellas que fichen, cuya popularidad va más allá de las fronteras de un país y, en el caso de Messi, puede darse hasta la paradoja de que puedan conocer a España en países muy alejados por una figura futbolística más que por otras bondades que tenemos y de las que podemos presumir.

Sí, mercado, estrellas, espectáculo son palabras que se utilizan para justificar estos sueldos, pero recordemos que en el país capitalista por excelencia, Estados Unidos, los salarios que cobran los jugadores de la NBA están limitados, con topes máximos, y con un reparto entre clubes que dependen de los ingresos de la liga, y con convenios laborales.

Y tampoco dejemos de lado que estrellas, las de verdad, son otras, desde los trabajadores de los supermercados, que no dejaron (ni dejan) de trabajar, incluso sin suficiente protección (antes de la llegada de las mascarillas), pasando por los autónomos que día a día están luchando por mantener sus negocios a flote, tema complicado por las restricciones sanitarias que se deben aplicar y que deben ser apoyados por todas las administraciones; y, por supuesto, nuestros sanitarios, que siguen dándolo todo para atendernos cuando enfermamos, por covid o por las dolencias de toda la vida que nos hacen ir a un hospital.

Y, por supuesto, todos los científicos que están trabajando, desde muchas vertientes, la sanitaria, sí, y otras (análisis de la evolución o impacto económico de la pandemia), muchos con sueldos muy reducidos, con alta inestabilidad laboral, muchas veces haciendo trabajos sin remunerar, sin cobrar horas extra, sin ningún tipo de prima por sus aportaciones a la sociedad.

Por eso, algunos salarios son, por lo menos, excesivos, y lo que se revela es que lo verdaderamente importante no está suficientemente reconocido y que, en momentos duros, los sacrificios deberían ser compartidos.

Por Maite Cancelo Profesora de Econometría de la USC

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Las estrellas de verdad son otras y no están reconocidas