Carles y Oriol se siguen despellejando


En sus memorias, dos volúmenes de más de 700 páginas cada uno titulados De la investidura al exilio y La reconstrucción del retorno, Carles Puigdemont se dedica fundamentalmente a poner a Oriol Junqueras como chupa de dómine. Ambas obras no estarán en la próxima quiniela de los Nobel, pero no dejan de ser entretenidas. Mucho más los prólogos, escritos por el propio Carles, que la hagiografía que firma el periodista Xevi Xirgu.

Pero se decepcionará quien espere un ajuste de cuentas con Soraya, Rajoy, el rey o la oligarquía catalana que le paró los pies: todos los dardos apuntan al líder de ERC, que queda como un desleal compulsivo, traicionero y poco de fiar.

Las cuchilladas entre convergentes y republicanos son muy anteriores a Puigdemont y Junqueras. Por no decir que vienen de siempre. Aunque desde que en el 2013 Artur Mas le hizo el primer abrazo del oso a ERC, adelantándose a la derrota que anunciaban los sondeos, la mayor parte de los cuchillos han volado entre bambalinas y solo Rufián ha tenido licencia para acuchillar en público.

En esta campaña no está siendo menos. Junqueras, libre como el viento desde el viernes, está implorando en todos los mítines «que no ganen los de siempre para hacer lo de siempre». Traducción: que no gane Puigdemont para seguir mangando. Desde Waterloo, Carles alerta de los que pactan migajas en Madrid y les «levantan la camisa». Traducción: «Los indepes pata negra somos nosotros, y a Rufián y Junqueras les comen la tostada». Si no lo hubiéramos visto mil veces antes, en estas condiciones parecería imposible que Junts y ERC pactasen en caso de sumar 68 diputados, la mayoría necesaria para seguir gobernando. Pero no habría caso, como tampoco lo habrá si hacen falta los votos de la CUP o suena la flauta y suma escaños algún otro satélite postconvergente. La única duda sería si la fuerza más votada es ERC y sigue de presidente Pere Aragonés, o si el abrazo del oso vuelve a funcionar y Borrás asume las funciones de valido de Puigdemont, aunque solo sea hasta que el Supremo la inhabilite, como podría ocurrir antes del verano.

Este es el escenario más probable. Y todo lo que no sea una suma de 68 diputados (para ser presidente solo hacen falta más síes que noes) abre la puerta a un gobierno de Salvador Illa, probablemente en minoría. De momento, ayer El Periódico publicó un sondeo según el cual el independentismo está más movilizado, pero, si se mira partido a partido, como diría el Cholo, los que más ganas tienen de que llegue el domingo son los votantes socialistas.

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