Illa e Iceta ¿son realmente dos caras de la misma moneda?

Tomás García Morán
Tomás García Morán EL LABERINTO CATALÁN

OPINIÓN

María Pedreda

27 ene 2021 . Actualizado a las 08:50 h.

Para la brocha gorda madrileña, Illa e Iceta son dos caras de la misma moneda. Pero a la mínima que se rasca un poco, se puede decir sin temor a equivocarse que no hay color. Un buen amigo que conoce bien a ambos los define de la siguiente manera: «Iceta es fenomenal para llevar a una cena con un embajador. Es un tipo cultísimo, que habla varios idiomas y tiene una conversación divertidísima». Pero Miquel cojea del mismo pie del que en su día cojearon los Maragall, Montilla, Corbacho y compañía: «Está encantado con los nacionalistas, siempre le ha ido bien así y tiene ese síndrome de Estocolmo que ha tenido siempre la mayoría de la cúpula del PSC. Illa es otra cosa, no tiene nada que ver».

El ya exministro era entonces un absoluto desconocido para el gran público, aunque ya se sentaba al lado de Ábalos y Adriana Lastra en la mesa con Rufián para negociar el sí de ERC a la investidura: «Es un hombre sensato, buen comunicador y encantador, en el buen sentido de la palabra», me explicó mi amigo cuando aún no sonaba para ministro de Sanidad ni se hacían memes sobre su licenciatura de Filosofía. De eso hace solo un año, aunque ahora parezca que le habría dado tiempo a Colón a ir y volver de América. Efectivamente, Illa y Simón se convirtieron en Matías Prats y Pedro Piqueras. A Simón no sería raro verlo metido en política, quizás en otro momento menos turbulento. Pero Illa, con todos sus errores, se ha convertido en el rey del rock&roll. Bregado en la política municipal, como alcalde de La Roca del Vallés, en su madurez política le ha tocado un trago cuya dificultad parecía imposible de superar. Pero todo es posible en el laberinto catalán.

Yolanda Díaz («Yo no soy de Podemos») vino por la redacción de La Voz en la campaña de las gallegas, durante la tregua de julio. Y nos contó cómo había coincidido con Illa en Santiago y le había pagado una comida pendiente. Era el primer día que el ministro salía de la Moncloa, para participar en un mitin del PSdeG, y firmó más autógrafos que si se hubiera aparecido Messi en el Obradoiro. La popularidad de julio ya no es la de enero, pero Illa no deja de ser el señor que salía en la tele, nos decía lo que había que hacer, le hacíamos más o menos caso, y seguimos vivos.