Salvador se va a la guerra


Salvador Illa iba a abandonar el Ministerio de Sanidad antes del día 29 y será hoy cuando lo haga. Son dos o tres días antes de lo anunciado, pero, en las circunstancias actuales, el adelanto tiene interés político. Se marcha cuando el Congreso está cerrado y no recupera su actividad hasta pasado mañana, con lo cual, vaya por Dios, no puede comparecer ante sus señorías para dar cuenta de su gestión. No es obligado, supongo, porque no recuerdo que ningún ministro cesado ni dimitido, que alguno hubo, haya hecho esa comparecencia; pero digamos que quedaba bien, porque era un gesto de transparencia ante la Cámara, sobre todo ahora que se va batir en duelo en Cataluña. La oposición se lo echa en cara, pero no por no rendir cuentas, sino porque la deja sin la oportunidad de un buen ataque por todo: por abandonar el barco en plena tempestad de coronavirus, por la gestión de la pandemia, por los retrasos de las vacunas, por la saturación de los hospitales e incluso por llamarse Salvador. Si hubiese aguantado un par de días más, habría sido el primer acto electoral.

Al no aguantar, también es el primer acto electoral: las críticas han comenzado a caer sobre él como lluvia ácida. Es lo que tiene ser candidato. Illa se va a la guerra y empiezo a tener una duda: la euforia con que la Moncloa recibió la encuesta del CIS quizá haya sido un error. Es cierto que la imagen de ganador es siempre una formidable ayuda al candidato, pero también lo es que coloca a los demás partidos contra él, con todos al ataque. Los independentistas, porque ven amenazada su hegemonía poco después de que otras encuestas les otorgasen la mayoría parlamentaria e incluso la social, de incalculable valor para el sueño de la independencia. Y los constitucionalistas, porque los votos que suba el PSC son votos robados al Partido Popular, a Podemos y, sobre todo, a Ciudadanos. Al único que no le quitará votos es a Vox.

Y la cuestión que nos interesa a todos los que no estamos directamente afectados por las elecciones catalanas es si don Salvador gestionó bien o mal la pandemia. Se puede decir que no peor que otros ministros de Sanidad. Lo que sí es censurable es que la estrategia de convertir a Illa en «el hombre que necesita Cataluña», según el querer de Pedro Sánchez, deje lugar a una sospecha ya expresada aquí: si el efecto Illa está garantizado con elecciones el 14 de febrero, ¿habrá condicionado la decisión del Tribunal Superior de Cataluña? ¿Habrá condicionado la decisión del Gobierno de no modificar el decreto-ley del estado de alarma para que al Gobierno catalán no se le ocurriese decretar el confinamiento de la población? No es fácil dar una respuesta. Lo único cierto es que Sánchez les dijo en Barcelona a los independentistas que «es inútil que sigan con los trucos», o sea que algo de trucos debe saber.

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