El exilio, según el historiador Iglesias

Ernesto Sánchez Pombo
Ernesto S. Pombo EL REINO DE LA LLUVIA

OPINIÓN

obm | Efe

19 ene 2021 . Actualizado a las 19:50 h.

Hasta ahora creíamos que los exiliados republicanos españoles eran unos idealistas demócratas que lucharon contra el fascismo, defendieron el orden establecido, superaron mil calamidades, sufrieron trabajos forzados y murieron, la práctica mayoría, en la indigencia y abandonados por casi todos. Creíamos que fueron recibidos con desconfianza, hostilidad y humillaciones en otros países y que los restos de muchos descansan en cementerios de media Europa.

Eso es lo que pensábamos. Porque ha tenido que venir el ilustrado pensador e historiador Pablo Iglesias a revelarnos la verdad y a sacarnos de nuestro error. Los exiliados republicanos son como el fugado de la justicia Carles Puigdemont, el señorito catalán que en vez de defender la legalidad quiso destrozarla. O viceversa. Puede el erudito considerar exiliado o papa de Roma al delincuente catalán, pero es indecente unir su nombre al de los exiliados.

Porque los ignorantes creíamos que los republicanos huyeron de la muerte, andando, en largas colas, con sus hijos de una mano y una maleta de cartón en la otra, camino de playas y andurriales. Pero no. Según el afamado historiador Iglesias, al igual que el fugitivo Puchi, lo hicieron en Audis, escoltados por fuerzas del orden, para irse a lujosos palacetes de 500 metros cuadrados con una renta mensual de 4.000 euros. Y dispusieron de 11.337,85 euros al mes para comilonas, parrandas, viajes y verbenas. Desconocemos, eso nos lo tendrá que aclarar el historiador, si también como Puchi, los exiliados establecieron entrañables lazos y sondearon alianzas con formaciones xenófobas y de extrema derecha. O pueden aclarárnoslo los indigentes intelectuales que apoyan la comparación en las redes.

A este versado historiador que nos ha abierto los ojos hay que darle un cargo en el Gobierno. Vicepresidente segundo, por ejemplo. Lo tiene bien merecido aunque solo sea por el respeto que profesa a quienes dieron sus vidas para que él pueda estar en el sillón. Aunque eso sí, deberá aprenderse la diferencia que existe entre un demócrata perseguido por el fascismo y un señorito, golpista y chiflado de un país democrático. Y es que los exiliados republicanos fueron ultrajados, insultados y despreciados en vida. Y lo vuelven a ser de muertos.