Pablo Iglesias, el Rubius del Gobierno


Las reapariciones de este hombre nunca defraudan. Son como el regreso del hijo pródigo, pero al revés. Pablo Iglesias, cuyo moño parece haber pasado a mejor vida, volvió de no se sabe dónde para participar en la conferencia de embajadores españoles. Muy oportuno, teniendo en cuenta que hace un par de días se convirtió en el mejor embajador de Puigdemont al comparar la situación del fugado con la de los exiliados republicanos en la dictadura de Franco. Ayer pudo rectificar el disparate, pero no. Se limitó a ponerle «contexto». Para qué reconocer tamaño error, si cuando uno tiene cogido al Ejecutivo por, digamos, la coleta puede decir lo que le venga en gana. El «Sí, se puede» era esto. He aquí al Rubius del Gobierno. Ya solo le falta anunciar que quiere fijar su residencia en Andorra para pagar menos impuestos. En esta imagen es como si la idea le anduviera rondando la sesera: «¿Por qué no?, más gordas las he liado, y sigo siendo vicepresidente».

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