El entierro del trumpismo


Acostumbrado a los espectáculos televisivos, Trump planeaba un final épico que le abriera las puertas de la segunda temporada, léase la candidatura republicana del 2024. Pero su talento como guionista es aún peor que su desempeño como presidente de la primera potencia del mundo y, de un brochazo, ha conseguido todo lo que deseaban sus enemigos. El plutócrata oportunista ya no es más que una caricatura de sí mismo. Ha tirado por el suelo todas sus credenciales como demócrata y ha demostrado a sus irredentos seguidores -que gracias a Dios son muchos menos de los más de 71 millones de votos que recibió- que lo importante para él no era hacer América grande de nuevo, sino apoltronarse en la Casa Blanca para orgullo y satisfacción de su prole de hijos, yernos y nueras.

Trump ha puesto contra las cuerdas a la primera democracia del mundo. Un motivo de reflexión para todos en un momento en el que nadie busca un punto de encuentro con su adversario, sino su eliminación bajo la excusa de su ideología. Esta vez, ha habido final feliz. El trumpismo ha sido enterrado.

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