Familia y allegados

Luis Ferrer i Balsebre
Luis Ferrer i Balsebre EL TONEL DE DIÓGENES

OPINIÓN

Sebastiao Moreira | Efe

27 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Sentía una tensión torera por ver cómo salía de chiqueros esta Navidad de hierro desconocido; por saber si sabría torearla bajándole la cara y brindando con champán a unos tendidos desiertos de familia, amigos y allegados.

No salió tan traicionera y resabiada como esperaba, al fin y al cabo estas fiestas tenían que ser coherentes con el año cárdeno y cojitranco que llevamos padeciendo. Y así fueron, aunque algo de bueno ha tenido esta Pascua -solsticio de invierno para los revisionistas- insólita. Leo que bajaron un 70 % los comas etílicos, un 40 % las trifulcas madrugonas y otro tanto los accidentes de tráfico, cifras que señalan el aspecto benevolente de la pandemia; tampoco el marisco, el cordero y demás viandas temporeras alcanzaron las cotas imposibles de los años conocidos hasta la fecha. Bienvenidos sean también.

Han sido estas fiestas un tiempo de despertar nostalgias desconocidas, unos días donde la presencia de las ausencias se ha hecho sentir de una manera rara, no por los que ya se han ido, sino por los que están y solo pudimos abrazar y besar por videowasap o Skype. Una sensación de condena revisable sin permiso de fin de semana, un paquete, vaya.