Nos queremos vivas, libres y seguras

Ángeles Marra EN LÍNEA

OPINIÓN

Servicio Ilustrado (Automático)

08 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Cada día del año debemos gritar alto y claro «No a la violencia de genero» y «No a la violencia contra las mujeres». Y es que las estadísticas son insoportables. Desde el 2003 han sido asesinadas 1.075 mujeres en España y, solo en 2020, 42 mujeres se han sumado a esta macabra cifra, una barbarie colectiva que nos condena como sociedad y como país.

La reciente macroencuesta de violencia contra la mujer refleja una intolerable realidad. Aunque el sufrimiento no alcanza a ser medido con cifras, estas pueden expresar su magnitud: el 34,2 % de las mujeres han sufrido violencia por parte de sus parejas o ex parejas; el 47,2 % no han denunciado ni han utilizado los servicios públicos de ayuda; el 40,4 % de las mujeres han sufrido acoso sexual a lo largo de su vida, aumentando el porcentaje hasta el 60,5 % cuando se trata de mujeres entre 16 y 24 años. Una crisis silenciosa y endémica, arraigada en relaciones de poder desiguales entre mujeres y hombres que perpetúa una insoportable violencia. No podemos callar y aceptar que las mujeres sigan siendo asesinadas, maltratadas, humilladas, agredidas, discriminadas y silenciadas. No podemos aceptar lo inaceptable.

Una sociedad digna, una democracia plena de hombres y mujeres libres e iguales debe tener como prioridad erradicar esta lacra. No existe lugar al debate ni a las batallas dialécticas. Hay que perseguir a los maltratadores y su violencia. Hay que dar pasos contundentes en la protección de la integridad física y los derechos más fundamentales de muchísimas mujeres que viven con miedo cada día, que sufren violencia cada día. Frente a quienes la cuestionan, disculpan o niegan, frente a la ultraderecha que ataca el Pacto de Estado contra la Violencia de Genero y ridiculiza los feminicidios, no podemos rendirnos. Tenemos que luchar contra esta terrible violación de los derechos humanos.

El problema es estructural. Es la máxima expresión de la desigualdad entre hombres y mujeres: brecha salarial, precariedad, temporalidad, contratos a tiempo parcial, excedencias concedidas para cuidados, techo de cristal, pensiones más bajas, etcétera. Una desigualdad que la pandemia del covid ha engrandecido, pues el confinamiento domiciliario propicia una situación de vulnerabilidad que lleva a convivir más tiempo con los agresores. Pero no hay que llamarse a engaño. No afecta solo al ámbito privado, sino que se manifiesta como una forma radical de desigualdad estructural. Una violencia que se dirige contra las mujeres por el mero hecho de serlo. Una de las formas más generalizadas y terribles de abuso contra los derechos humanos, que lleva mucho tiempo instalada en nuestra sociedad.

La igualdad es uno de los principios fundamentales sobre los que se asienta nuestra sociedad. Sin igualdad no hay democracia. Debemos defenderla de todas las formas y con todas las herramientas posibles. Nuestro país no será una democracia plena hasta que no erradique toda violencia machista. Combatir esta violencia estructural y todas las violencias contra las mujeres siempre ha sido, y siempre será, prioritario para el Gobierno de España y del Partido Socialista. No hay mayor prioridad que defender los derechos humanos, la libertad, la justicia. Una lucha que nos concierne a todas y todos como sociedad. Porque nos queremos vivas, libres y seguras.