Cosas de tiquismiquis


Con pocos días de diferencia leemos en un periódico digital que «la fama de tiquismiquis de la reina Letizia es inmensa» y, en un diario madrileño, un artículo donde Jon Juaristi dice: «Hoy creo que no sería tan tiquismiquis ante las corruptelas que se tiran a la cabeza unos partidos a otros con análogo cinismo». No hace mucho, otro rotativo le puso al televisivo Jordi Cruz la etiqueta de «el chef tiquismiquis». La aparición de esta palabra, tiquismiquis, en algunas mascarillas de diseño nos confirma una revitalización de tan sustancioso sustantivo, que últimamente parecía un tanto desplazado en el lenguaje de la calle.

Tiquismiquis se usa en plural (tiquismiquis) con dos de sus acepciones, ‘escrúpulos o reparos de poca importancia' (¿Hay reparos más nimios que los tiquismiquis en que se enzarzaban los teólogos?) y ‘dichos ridículamente corteses o afectados'. En su tercera acepción designa a la persona que hace o dice tiquismiquis (Es un tiquismiquis) y se emplea también como adjetivo (Es muy tiquismiquis).

Corominas sitúa su aparición -la de la palabra- a mediados del siglo XVII, fruto de la evolución del latín macarrónico tichi michi, alteración vulgar de tibi, michi (clásico mihi), ‘para ti, para mí', pronunciadas en discusiones conventuales. Son muchos los que mencionan su uso por Cervantes en 1615, aunque sin precisar dónde. Nosotros no conseguimos hallarlo hasta Quevedo, que en 1632 difundió como anónimo el opúsculo Perinola, para algún especialista «sin duda la más eficaz, divertida, original y maligna de cuantas sátiras literarias se han escrito en español». Don Francisco, que se lo dedicó «al Doctor Juan Pérez de Montalbán, graduado no se sabe dónde, en lo qué, ni se sabe ni él lo sabe», escribe: «Y pudiera Valdivielso borrar esto, y fuera de mejor seso que escrebir una aprobación muy estudiada de tiquis miquis».

Antaño era frecuente la grafía en dos palabras, tiquis miquis, que emplea Galdós: «... la justicia de estos tiempos no se anda con tiquis miquis» (Memorias de un cortesano de 1815, 1875). Él y otros autores también lo escriben con guion, tiquis-miquis, forma que hoy rechaza la Academia Española.

En alguna ocasión ha aparecido esta palabra entre las finalistas de esas encuestas en las que se pregunta a los españoles por sus voces preferidas. Lo explican su sonoridad, su ritmo, su expresividad... Y además, quien más, quien menos, todos nos hemos sentido alguna vez un poco tiquismiquis.

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