Fin de año y la teoría del rebaño

Pedro Armas
Pedro Armas EN LÍNEA

OPINIÓN

Álex Cámara | Europa Press

04 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

En el siglo III unos visionarios cristianizaron la fiesta pagana del solsticio de invierno, favoreciendo a los comerciantes en detrimento de los labradores. Desde entonces, Feliz Navidad. Entrado el siglo XXI, en año de pandemia, unos iluminados dicen hay que salvar la Navidad. No se trata de salvar la tradición navideña del Adviento, la Nochebuena, la Misa del Gallo, la Misa de la Aurora, la Natividad del Niño Dios, el mensaje papal Urbi et Orbi, la Epifanía del Señor y la visita de los Reyes Magos. Se trata de salvar el consumismo navideño, llenando las calles de luces y las tiendas de compradores compulsivos. No se trata de combatir el virus, como hacen en Oriente, sino de convivir con el virus, como hacen en Occidente. Se trata de comer, comprar y despedir el año como se merece.

Si hace falta, se asume la teoría del rebaño. Parte de la hipótesis de que, si se contagia todo el rebaño, todo el rebaño quedará inmune. Siempre será una hipótesis, porque no hay interés ninguno en demostrarla. Mientras tanto, las víctimas serán cifras y curvas en noticias y gráficas de telediario. Para alcanzar la inmunidad del rebaño se divide a la sociedad en dos: los vulnerables y los invulnerables. Los vulnerables, sean viejos o jóvenes, deben ser aislados y atendidos, hasta que puedan ser reintegrados. Los invulnerables, sean jóvenes o viejos, deben llevar una vida normal, sin toques de queda, sin horarios restringidos, sin aforos limitados, sin mascarillas o con mascarillas a modo de adornos. Lo importante es respirar bien, disfrutar del ocio y continuar con el negocio, hasta que todos se contagien e inmunicen.

Presentada por profesores de prestigiosas universidades anglosajonas, Oxford y Harvard entre ellas, la teoría de inmunidad del rebaño no tiene visos de rigor científico, pues no se ha publicado ni un solo artículo en revista cualificada que avale sus postulados, pero tiene éxito social. En la trastienda de la teoría hay un laboratorio de ideas más neoconservador que neoliberal. Tras una mampara de liberalismo, que incluso pudiera parecer libertario, se esconde un proteccionismo radical, que se refleja también en la producción y comercialización de las vacunas. Se trata de proteccionismo, no de liberalismo. Se trata de economía, no de salud.