La mano violenta


Vacuna contra la violencia machista

Un día iba paseando con mi madre y mi hermana en una ciudad del noroeste peninsular. Nos dirigíamos hacia el polideportivo donde mi hermana disputaría un partido de fútbol sala. Era una tarde de otoño, fría, pero soleada. Yo llevaba un gorro polar con orejeras, casi me cubría toda la cara. Pero aún así pude sentir una mano ajena rozando parte de mi rostro. Se trataba de tres individuos que, sin saber muy bien cómo, consiguieron apartarme del paso de mi madre y mi hermana, hasta acorralarme en su dirección. Lograron que me diese de bruces con ellos frente a frente, y el del medio aprovechó para alargar el brazo hasta mí mientras susurraba algo entre risas. Fue tan rápido que ellas ni se dieron cuenta de lo que había pasado. Y yo, con el impacto tras lo sucedido, no fui capaz de contarlo. Estoy segura de que más de una persona se sentirá identificada con lo que me ocurrió a mí. Y esto es tan solo la punta del iceberg de un tipo de violencia estructural donde el asesinato es la consecuencia más grave. El machismo es una lacra colectiva omnipresente en todos los estratos sociales, con un gran componente de responsabilidad individual. Es necesario evitar el discurso paternalista de que las «mujeres deben ser fuertes», y facilitar recursos que fomenten un acompañamiento constante y en igualdad real. El derecho a poseer un futuro libre de violencia machista nos pertenece. Y para ello existe un gran método de prevención: la educación. Por eso, la eliminación de los estereotipos de género no debe vincularse a cuestiones ideológicas, sino a la protección de los derechos humanos. Para lograr el objetivo hay que trabajar desde la base: la formación en valores igualitarios y la aportación de referentes críticos que rompan con las estructuras tradicionales se posicionará como la mejor vacuna para inmunizarnos contra todo tipo de violencias. Ariadna Silva. A Estrada.

 

A esa maestra

La infancia es el momento de mayor retención para nuestros hijos, y por eso pienso en la importancia de la labor del maestro. Es el tercer año admirando el trabajo de la maestra de mi hija. Lo hace con exquisita constancia. Es «su heroína», la que todo lo puede con la magia que desprende. Consigue un montón de sonrisas entre mascarillas, de cómplices miradas, de abrazos sin contacto,… porque sin el piel a piel ella es capaz de transmitir el cariño que todos necesitan, sin perder la ilusión y permitiéndoles seguir soñando. Valoro su esfuerzo, sus ganas de hacer las cosas bien, y el cariño con el que sigue tratando a nuestros hijos. No me olvido del riesgo al que se expone ella también cada día. Sé que la responsabilidad se triplica a la que tenía en una situación normal y tengo muy en cuenta que también ella tiene familia y preocupaciones fuera del entorno laboral. Gracias, gracias y mil gracias por ser tan especial. Esa maravilla a quien hoy hago mención, se llama María Paredes Díaz. Mis felicitaciones por su compromiso educativo en tiempos tan difíciles para todos. ¡Feliz día del maestro! Paula Garvi Iglesias. Vigo.

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