El gallego ya no es lengua vehicular

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

XOÁN A. SOLER

26 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Volvamos sobre uno de los múltiples bulos que se utilizan como ariete contra la nueva ley educativa en ciernes: su ataque al castellano. Si así fuera, créanme, yo sería uno de los indignados, porque la lengua de Cervantes y Valle-Inclán es tan mía como de los vecinos de Valladolid que presumen de hablar el castellano más puro del orbe. Lo que sucede es que los cruzados de la causa, con sus equívocas proclamas en defensa del castellano, agreden a mi otra lengua: la más débil, la más precaria, la que precisa mayor protección para subsistir. Ya lo ven. Soy rico y egoísta: poseo un patrimonio bilingüe -hablo y escribo en lo que me peta- y deseo transmitirlo, íntegro, a las siguientes generaciones.

El guirigay comenzó con la supresión de dos líneas de la ley Wert: «El castellano y las lenguas cooficiales tienen la consideración de lenguas vehiculares». Los cruzados pusieron el grito en el cielo: ¡el castellano pierde su condición de lengua vehicular! Nadie reparó ni se escandalizó por las otras víctimas del crimen: el asesinato de las tres «lenguas cooficiales» que también perderían su condición vehicular. Supongo que, a partir de la ley Celaá, los profesores enseñarán en inglés, chino mandarín o esperanto.

Disculpen la ironía, que solo pretende subrayar la obviedad del precepto Wert suprimido. El Tribunal Constitucional ya sentenció que todas las lenguas oficiales son vehiculares. La cuestión consiste en determinar la proporción en que deben usarse una u otra. Y esto no lo aclaró ninguna de las leyes educativas habidas: trasladaron el asunto a las autonomías bilingües para que cada una hiciese de su doble capa un sayo a medida.