Involución democrática inaceptable

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

POOL. David CastroEl Periódico

20 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

En el 2013, el exvicepresidente del Gobierno y ministro de Economía Pedro Solbes reveló que en el 2008, mientras Zapatero negaba la crisis económica, él le expuso su «enorme preocupación» por la situación del país y le advirtió de que no se podía ir más lejos en el déficit y la deuda pública porque se estaba poniendo en riego la sostenibilidad económica de la nación. Zapatero le ignoró. Solbes calló, y la crisis arrasó la economía española y destruyó millones de empleos. Luego, en el 2018, Solbes admitió que la debilidad del Ejecutivo hizo que Zapatero actuara sin «valentía». «Póngase en la situación política del momento, un Gobierno en minoría, necesidades de inversión, y todo el mundo con ganas de más gasto», se justificó entonces, admitiendo que mintieron para «no ir a las elecciones con la palabra crisis».

España se encuentra hoy en una encrucijada similar, aunque en esta ocasión no se trata solo de una cuestión económica, que también, sino de que se está poniendo en riesgo el propio sistema democrático. Hay ministros en este Gobierno que llevan tiempo advirtiendo en privado a Pedro Sánchez de que el camino por el que le está llevando Pablo Iglesias conduce a la ruina económica y a un modelo autoritario incompatible con la democracia. Pero Sánchez, aún más débil que aquel Zapatero, lo niega todo y deja hacer, porque su prioridad es seguir en la Moncloa. Al igual que ocurrió con el anterior presidente socialista, solo la falta de valentía de Sánchez y su miedo a perder el poder explican lo que ocurre en España.

A lo que asistimos es a un proceso de involución democrática en el que unos partidos cuyo objetivo declarado es destruir el actual sistema político, arrumbar la separación de poderes y acabar con el modelo territorial plasmado en la Constitución aprovechan la situación excepcional creada por la pandemia, y la debilidad de un presidente del Gobierno que solo tiene un tercio de los diputados del Congreso, para imponer una regresión en los consensos democráticos alcanzados en la Transición. El máximo protagonista de esa involución democrática se llama Pablo Iglesias y está dentro del Gobierno, al que mantiene secuestrado aliándose con partidos externos al Ejecutivo que quieren «tumbar el régimen», según sus propias palabras, para imponer así su ley a un presidente débil y gobernar de facto sin haber sido refrendados por el poder legislativo. Algo que supone una perversión inaceptable del sistema democrático.

Un país en el que desde el Gobierno se ataca la independencia judicial, se arremete contra la jefatura del Estado, se impide que el español sea la lengua común en la educación de todos los españoles, y en el que los herederos de una banda terrorista pueden torcer la voluntad de los ministros, es un país democráticamente enfermo. Es hora ya por tanto de que los miembros del Gobierno y los dirigentes del PSOE que saben lo que está ocurriendo, y a dónde conduce, dejen de actuar como lo hizo Solbes en su día, pasen de las palabras a los hechos, se planten en público ante Iglesias, y ante Sánchez, e impongan un cambio de rumbo.