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Inconsciencia y arrogancia

José Enrique de Ayala FIRMA INVITADA

OPINIÓN

María Pedreda

20 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Más de dos semanas después de la elección presidencial en Estados Unidos, que tuvo lugar el 3 de noviembre, el presidente en ejercicio, Donald Trump, continúa sin reconocer su derrota frente a su rival, Joe Biden, pese a que el candidato demócrata, que obtuvo casi seis millones de votos populares más, tiene prácticamente asegurados 306 votos en el colegio electoral -que decidirá finalmente la presidencia el 14 de diciembre-, frente a 232 del republicano. No es una sorpresa, pues había anunciado reiteradamente, antes incluso de que la elección hubiera comenzado, que si perdía sería por fraude.

Los innumerables recursos que ha presentado su legión de abogados, que llevan meses preparándose para ello, tendrían que lograr cambiar el resultado al menos en tres estados en disputa para poder dar la vuelta a la elección presidencial. Esto no va a suceder. La mayoría de los recursos han sido ya rechazados por falta de pruebas, y cada día que pasa disminuyen más las posibilidades de que pueda prosperar alguno de suficiente importancia como para llegar al Tribunal Supremo, en cuya mayoría conservadora podría tener aún Trump sus últimas esperanzas.

Esta actitud obstruccionista no va dirigida tanto a un improbable vuelco de la situación como a deslegitimar todo lo posible la victoria de Biden y mantener la cohesión ideológica de sus seguidores, además de salvar en lo posible su imagen. Al menos para los que le creen -un 70 % de su electorado-, su salida no será tan humillante, y con su victimismo deja la puerta abierta a presentarse de nuevo a la elección presidencial en el 2024, ya que solo ha ejercido un mandato. Su resistencia a abandonar el poder podría deberse también a las imputaciones que le esperan -especialmente fraude y evasión fiscal-, y es posible que trate de utilizar su resistencia para conseguir garantías de inmunidad cuando deje la Casa Blanca.