«El bicho nos ha pillado desprevenidos a todos, a la clase médica también»


Por favor, mascarillas a 10 céntimos

Porque se me viene el alma a los pies cuando veo a la gente con mascarillas destrozadas, sucias o con barba. Ayer en el bus se veían mascarillas K95 por cuya costura central asomaba una línea de mugre. También pude ver cómo las quirúrgicas estaban plagadas de pelillos, cuan espesa y tupida barba. Afeitar los pelillos de las mascarillas para usar y reusar es, al parecer, algo muy común, por ser la única forma de que, sin que se note su desgaste, se puedan seguir utilizando, sin sentir la vergüenza de que los demás noten que no se pueden renovar cada cuatro horas, como recomiendan los expertos. Mi sesera no comprende que en Europa encontremos países que las tienen a 20 céntimos, Portugal por ejemplo, e incluso en alguno sean gratis, y que nuestro Gobierno se escude en Bruselas para no quitarles el IVA ya desde el mes de marzo. Pero es que, además, con la bajada del IVA al 4 %... siguen costando demasiado para ser un artículo de primera necesidad.

Yo, como muchos ciudadanos, pido que sean gratis, o casi. Para que los españoles no tengamos que elegir entre protegernos del covid o comer. No sea que aquel al que salve la mascarilla, lo mate el hambre. Xiana del Cabo.

La bata y el fonendo no son epis

A ver, ya verán como alguno me entiende mal, como a Fernando Simón.

Desde el principio de esta pandemia, a nivel particular comparaba los contagios en la sanidad con lo que le ocurre a un aprendiz de soldador el primer día (soy metalúrgico). Sin duda se le empatacan los ojos, o sea, el reflejo de la soldadura le provoca una conjuntivitis. Al segundo día, por la cuenta que le trae utiliza bien la pantalla y resto de epis (Equipos de Protección Individual) recomendados (obligatorios para ese tipo de trabajo).

Sin buscar culpables, en todos, absolutamente todos los trabajos, las praxis en la cotidianidad y muchas veces los excesos de confianza hacen que haya consecuencias secundarias, y lo que en una profesión es una quemadura de segundo grado o una caída a diferente nivel en otra es un contagio. El bicho nos ha pillado desprevenidos a todos, ¡a todos! A la clase política y a la médica también. A nivel organizativo no había epis suficientes en los centros de salud. ¡Grave error de salida sin duda!

De alguna empresa del metal se aportaron furgonetas de epis, porque los teníamos para nuestro trabajo diario. Pero seamos sinceros, hasta ahora en nuestros centros de salud, en tiempos de gripe, catarros, gripes A, porcinas o aviares, a nuestros sanitarios los veíamos con una bata blanca y un fonendo en el cuello como toda protección. No se trata de buscar culpables, se trata de aprender, y por desgracia lo estamos haciendo a marchas forzadas. Xan Ramírez. Ares.

¿De verdad queremos salvar las Navidades?

En los últimos días se está hablando mucho de intentar «salvar las Navidades». De poder hacer un paréntesis y ver a nuestra familia en unos días tan importantes. Suena muy bien, ¿no? No entiendo por qué nos empeñamos en querer salvarlas. La mejor forma de hacerlo, es quedándose cada uno en su casa con su círculo más cercano. Las pasadas Navidades perdí a mi abuela, y no hay sensación más extraña que perder a un ser querido en unas fechas tan señaladas. Preferiría mil veces no haberla podido ver en todas las Navidades a haberla perdido en ellas. Seamos responsables y salvemos a los nuestros, no a las Navidades. Montse Grau Roca.

Librerías vacías

La semana pasada fue el día de las librerías y, para celebrarlo, acudí a mi librería habitual y me auto regalé un libro. Al llegar, me sorprendió mucho ver que estaba vacía. Así que me puse a hablar con la librera y esta me contó que la pandemia ha hecho que la gente le coja miedo a ir a la tienda y la venta de libros ha caído en picado. Me dio mucha pena, pues es una profesional estupenda y su tienda es un lugar maravilloso y completamente seguro. Es por eso que he decidido escribir esta carta. Pues hoy, más que nunca, debemos apoyar la cultura y el comercio de proximidad. José Morante Belchín. Castellar del Vallés (Barcelona).

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