Todo Trump es un «reality show»


Donald Trump sabe, como el resto del mundo, que ha perdido las elecciones, y asume también que en enero dejará la Casablanca. En realidad conoce y asume todo lo que niega. También que los tribunales van a rechazar sus reclamaciones por fraude electoral. Porque sabe que no lo hubo. Pero es que Trump está inmerso en un reality show, género televisivo por excelencia de este siglo, en el que participó toda su vida y que tantos éxitos le dio y quiere mantenerse en esa telerrealidad hasta el último minuto. De ahí su comportamiento pernicioso y repulsivo.

Hace décadas que el ya ex entró en un reality de la NBC, como quien entra en Gran Hermano o en La isla de los famosos. Y ahí sigue instalado. En The Apprentice, así se llamaba el programa, ejerciendo de juez implacable y grosero, maltratando verbalmente a unos concursantes que aspiraban a gestionar con éxito un negocio. Y en la actualidad, denigrando unas elecciones que no le favorecieron y que trata de anular utilizando los mismos modos y expresiones soeces de su programa de antaño.

La telebasura está en el ADN del líder republicano. No se entiende lo uno sin lo otro. Todo su mandato en la Casablanca fue una telerrealidad sin rumbo; una vida sin guion. Las amenazas a México o Irán, los rifirrafes con China, las refriegas con Corea, avisando de «utilizar un fuego y una furia nunca vistos»; las advertencias de cerrar las redes sociales de las que tanto se beneficia, forman ya parte de ese patético espectáculo mediático que el cawboy interpreta.

El propio Obama acertó a calificar de reality su mandato.

En la transgresión y en superar todo lo imaginable está el éxito de la telerrealidad. Escandalizar. Sorprender al espectador a base de disparates; cuando mayores, mejor. Un estudioso del tema decía estos días que los realities actuales «son bastos, estridentes y están centrados en lo más grotesco de la naturaleza humana; es decir, son pura telebasura». Y eso es lo que hace Donald Trump a cuenta de la democracia de su país. En realidad no se niega a abandonar la Casablanca. Se está negando a ser expulsado del reality en el que estuvo toda su vida. Como hacen aquí los que echan de Supervivientes.

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