Odio ir de compras


Los libros son diferentes

Aborrecí desde siempre acompañar a mi esposa a comprar ropa. Salía con la única idea de saber lo que quería y en menos de diez minutos tenía la compra hecha. Odio probarme un pantalón. El tener que sacar los zapatos, desanudarlos, luego atarlos de nuevo y ver que ni es de mi talla ni me sienta bien. Pero las librerías son otro mundo. Más que mundo un universo. Allí duermen vidas, deseos, sueños, esperanzas, conquistas, aberraciones, tristezas y alegrías, amén de otras muchas más cosas. A veces me siento un poco tunante y viendo a aquel escritor que la ha cagado, me lleno de alegría y me sonrío pensando en lo breve y alternativo que es la vida. Siempre salgo con un libro de más y el presupuesto un poco quemado. Y lo me más me duele es tener que dejar un libro a medio empezar después de tres o cuatro páginas leídas. Es no volver a leer otro libro de ese autor que ha quedado postergado para siempre. Pero ya se sabe que dejar de comer por haber comido no es enfermedad de peligros. José Rodríguez Gómez.

 El olvidado mundo de las orquestas

Uno de los sectores más castigados por la incidencia del covid, es sin duda el de las orquestas. Abandonado desde el primer momento, con ocho meses de penurias y sumido en el más completo olvido. Pronto nos olvidamos de su contribución tanto moral como económica. Daban alegría, unión familiar y fomentaban la amistad. En definitiva, ayudaban a cubrir los momentos de ocio que todos necesitamos para darle a la vida ese toque de alegría tan necesario. En el ámbito económico, sobre todo en época estival, eran un motor de primer orden dando vida a un sinfín de atracciones de fiesta, pirotecnias, empresas de alumbrado y sobre todo al ramo de la hostelería, elevando considerablemente su facturación en época de las fiestas en cualquier aldea, pueblo o ciudad. Pero nadie se ocupó de ellos. Los gobernantes, que son los que en realidad están para proteger y legislar en estos casos, miraron para otros sectores con más incidencia en la opinión pública y más asociados y sindicados. Y porque no decirlo, también con más rédito político. Este gremio compuesto por unas trescientas orquestas y alrededor de 5.000 trabajadores entre músicos y personal operario, no goza de asociaciones ni sindicatos como es debido. Y el «cotarro» está en manos de un puñado de representantes muy sui géneris. Tampoco es un sector que cuente con una legislación específica en materia laboral ni económica. Todo ello no debe ser motivo para dejar tirados en la calle a estos trabajadores que tienen derecho a ser beneficiarios de las ayudas que dimanan de los Presupuestos a los que todos contribuimos con nuestros impuestos. Ya que no tuvieron altavoces reivindicativos de sus necesidades, confiemos que los que tocan los instrumentos de la orquesta política, lo hagan al compás del apoyo y la consideración. Vicente Fernández. O Vicedo.

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