Debate: ¿Cree que se mejorará la seguridad vial y la fluidez del tráfico por circular a 30 km/h  en las ciudades?

Esta semana se ha anunciado que las normas de circulación cambiarán en pocos meses. En las calles de un solo carril por cada sentido de la marcha, la velocidad estará limitada a 30 kilómétros por hora. A 20 en las vías que no hay diferencia entre acera y calzada. ¿Mejorará la seguridad vial y la fluidez del tráfico esta nueva normativa? En este debate dos expertos dan su punto de vista.

Antonio Lucas, director de seguridad vial de RACE, y Ramón Ledesma, asesor de Pons seguridad Vial, analizan los pros y los contras de las nuevas normas de tráfico que limitan aún más la velocidad en el centro de las ciudades. Sus puntos de vista son diferentes.


Cinco razones para un límite de 30 km/h

El Consejo de Ministros aprobaba la reducción del límite de velocidad en vías urbanas para el 80 % de las calles: de 50 km/h a 30 km/h. Varias son las razones que llevan a la adopción de esta medida que, por otra parte, ya se ha implementado en diferentes ciudades europeas y también en algunas españolas.

La primera y más importante, la seguridad vial. El año pasado fallecieron en España 519 personas en nuestras ciudades, la mayoría de ellas, vulnerables (peatones, ciclistas y motoristas). Una menor velocidad de circulación garantiza que en caso de atropello el resultado no sea mortal o que sus consecuencias sean menores. En caso de atropello, a 80 km/h apenas sobrevive el 5 % de los peatones. El 50 %, a 50 km/h. Y el 95 %, a 30 km/h. La ejecución práctica de la medida supondrá, en términos netos, una reducción del 25 % de fallecidos y heridos graves en la ciudad.

En segundo lugar, la calidad del aire. Bilbao se adelantaba en su territorio el pasado mes de septiembre a la implementación de esta norma. Todos los niveles relativos a la contaminación descendían: desde el dióxido de nitrógeno (3 %) hasta el nivel de partículas (PM10: 12 %)

En tercer lugar, el reaprovechamiento humano del espacio urbano. Este espacio, finito, se ocupa principalmente por el automóvil, que en calles ordinarias cuenta con 12 de los 15 metros existentes. El cambio del límite prioriza al peatón sobre el vehículo y provoca, como consecuencia, el cambio del protagonismo de ambos actores.

Los hábitos de vida saludable se convierten en la cuarta razón. La pacificación general del tráfico fomenta un uso más humano de la ciudad y menos vehículos. En tres órdenes: los desplazamientos mayoritarios se producen a pie, en bicicleta o transporte público. El vehículo particular se focaliza entonces allí donde es útil, que es el ámbito interurbano. En ese paquete de hábitos de vida saludable, aparecen los niños. Experiencias como la del juego o el camino escolar se convierten en realidad con una velocidad urbana baja, y se favorece su desarrollo cognitivo y social en el entorno de su hogar. Finalmente, nuestros mayores, que representan uno de los colectivos más golpeados por la accidentalidad del tráfico. El calmado de la calzada les otorga seguridad y fomenta la posibilidad de hacer un mayor uso de las calles de su ciudad, imprescindible en su salud cotidiana.

La sostenibilidad del sistema es la última razón para limitar la velocidad. Barrios con menor tráfico y más calmados hacen crecer los modelos de ciudad 15 minutos. Entornos de vida donde el conjunto de actividades cotidianas (el trabajo, el colegio, las compras diarias...) se realizan de modo más racional en el entorno del hogar familiar.

Autor Asesor de Pons seguridad Vial

¿Por qué no se habla de invertir en infraestructuras?

El RACE, como defensor de los automovilistas españoles, viene trabajando desde hace 118 años en la mejora de la movilidad y la seguridad vial dentro y fuera de nuestras fronteras. Apostamos por la investigación, por la formación y la acción política, por que la reducción de los siniestros viales sea una prioridad en todos los niveles de decisión, ya sea local, autonómico o nacional. Sin embargo, en los últimos tiempos vemos decisiones que, lejos de presentar medidas que impulsen la acción mediante incentivos o inversiones, claves en la reducción del riesgo en los últimos años, se nos presentan restricciones a la movilidad, endurecimiento de sanciones o más impuestos a la posesión o al uso del vehículo, como un recargo al diésel o la propuesta del pago por uso en las vías españolas.

La reciente reforma del Reglamento de Circulación por parte del Consejo de Ministros ha introducido elementos que, en su mayoría, se centran en la normativa, dejando de lado otros aspectos igualmente importantes si queremos reducir los siniestros viales, como es el incentivo para renovar un parque automovilístico envejecido -y por lo tanto más inseguro, ineficiente y contaminante- y una clara falta de inversión en infraestructuras, que se acumula año tras año, y que resulta de vital importancia en cuestiones como la reducción de las lesiones entre los motoristas (con más protecciones laterales), el estado del asfalto, el mantenimiento y limpieza, los carriles para usuarios vulnerables o un mayor número de vías de alta capacidad. No hay que olvidar que los automovilistas pagan cada año miles de millones de euros en impuestos precisamente para esto, para mejorar las infraestructuras viales…

Entre las medidas hay cuestiones que, desde RACE, pensamos que eran necesarias. En concreto, la actualización de las sanciones que detraen puntos. En unos meses, cuando se apruebe, circular sin cinturón, no proteger a los niños mediante un sistema de retención infantil o manipular un teléfono móvil supondrá perder más puntos, lo que esperamos sirva para concienciar sobre estos comportamientos que provocan un riesgo de sufrir un siniestro o de agravar las lesiones en el caso de que se produzca.

Sin embargo, hay otras medidas que, en nuestra opinión, deberían haberse concretado de forma más precisa, huyendo de la «tabla rasa» que se ha aplicado limitando a 30 km/h en las calles de un carril por sentido. Desde el RACE pensamos que, efectivamente, hay algunas vías que deben verse reducidas a esa velocidad, incluso inferior, si la situación lo requiere. Por ejemplo, zonas con colegios en los horarios de entrada y salida, inmediaciones de hospitales, centros de mayores, centros de personas con movilidad reducida... Pero una norma tan genérica puede provocar, sin justificación, retenciones y problemas de tráfico en calles que no requieren esta reducción. Por eso, se debe apostar por la velocidad variable, adaptada a las circunstancias, que permita regular el flujo de tráfico dentro de los criterios de seguridad. Todos sabemos que no se circula igual por el día que por la noche, en un mes de verano o lloviendo en invierno, o en una zona comercial o en una zona residencial. Por eso, es importante conocer la realidad de la zona en cuestión, y aplicar las medidas necesarias para evitar los riesgos. De esta forma será una medida creíble y aceptada por todos los usuarios, aplicando la fórmula inicial de investigar y analizar, intervenir y actuar, y finalmente evaluar.

Autor Director de seguridad vial del RACE
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