Tres apuntes sobre la nueva ley de educación


El Gobierno progresista de Sánchez-Iglesias está transformando este país en muchos ámbitos. Y ello sin buscar el necesario consenso tan importante, sobre todo, en temas que vertebran una sociedad como es la educación. Permítanme tres apuntes a modo de ejemplo para expresar mi posición crítica con este proyecto de ley educativa pactado por este Gobierno con sus socios de conveniencia.

Primer apunte. Excepto si se es rico o político (el único oficio que no necesita esfuerzo y preparación para medrar social y económicamente), para conseguir cualquier meta hay que esforzarse, hay que estudiar, hay que renunciar, hay que competir. Por eso es esencial que nuestros niños aprendan la lección de que para aprobar hay que estudiar y que el esfuerzo tiene premio y lo contrario no. También es básico que reciban el mensaje de que no todos tenemos las mismas capacidades y no podemos ser iguales en matemáticas, el deporte, la literatura o el dibujo, lo cual no es malo per se, al contrario, es una riqueza fruto de la diversidad humana.

Segundo apunte. Considero muy importante mantener y reforzar los centros de educación especial porque los niños con discapacidades intelectuales y/o físicas merecen nuestro cariño y una atención especial; además sus padres tienen que sentirse apoyados por el conjunto de la sociedad. Suprimir este tipo de centros es un gravísimo error y una crueldad que puede hacer mucho daño al desarrollo y aprendizaje de esas personas. Todo mi afecto a esos niños y todo mi apoyo a sus padres en su lucha para que esas criaturas puedan disfrutar de una escuela adaptada a sus necesidades especiales.

Tercer apunte. Que la lengua española no sea vehicular en la educación en España es una barbaridad, un esperpento, y una muestra supina de sectarismo cultural que nada tiene que ver con la reivindicación de la lengua vernácula u otros rasgos culturales. ¿Tiene algún sentido y alguna utilidad marginar a la lengua española en la escuela? La respuesta es no, salvo para los que consideran el español o castellano como un idioma opresor y quieren utilizar la lengua como un arma de confrontación política. ¡Qué absurdo!

Estoy a favor de la igualdad real, de la educación pública y concertada, de la cultura del esfuerzo, y estoy en contra de las leyes sectarias que pretenden imponernos una forma sesgada de pensar y ver la realidad. Vivan la igualdad entre seres humanos, la diferencia enriquecedora y la libertad. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

Por Jaime Gómez Márquez Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular. Universidad de Santiago de Compostela

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
14 votos
Comentarios

Tres apuntes sobre la nueva ley de educación