La noche americana es el título de una mítica película de François Truffaut. Toma su nombre de una técnica cinematográfica que permite rodar a plena luz del día una escena nocturna. Lo consigue gracias a un filtro oscuro colocado sobre la lente de la cámara.

Ese efecto noche americana planea ahora sobre las reacciones a las noticias sobre las elecciones en EE.UU. y también sobre el acatamiento de las medidas necesarias para la lucha contra la pandemia, tanto en España como en el resto del mundo.

Por propia convicción, por el relato de ciertos agentes políticos y por la estrechez de miras que promueven las redes sociales (priman los discursos afines y no los diferentes) y privadas, mucha gente lo ve siempre todo negro. Decide interpretar la realidad bajo su propio filtro, sin importarle un comino los hechos. Ponen bajo sospecha tanto un recuento con garantías democráticas como un informe científico de talla mundial. Y se atribuye cualquier revés a la acción de una conjura, un contubernio o una conspiración.

Bajo este prisma, es muy fácil creer las falsas acusaciones de fraude sin pruebas lanzadas en caliente, pero de forma calculada, por Trump, y etiquetadas como engañosas por Twitter. Y coincidir con lo dicho por el actor Enrique San Francisco a un torero en un programa de televisión: vivimos bajo «una dictadura disfrazada y terrible» con un Gobierno sin mayoría absoluta.

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La noche americana y la dictadura «disfrazada»