Confinamientos perimetrales en Galicia: ¿exceso o necesidad?


Ayer se decretó el cierre de las siete ciudades gallegas y, en algún caso, de su área metropolitana como medida de contención ante el covid-19. Cabe hacer varias reflexiones sobre esta medida teniendo como eje central el momento epidemiológico. En esta pandemia es tan importante tomar decisiones como hacerlo en el momento adecuado.

En primer lugar, se toma esta medida con una situación epidemiológica que no es comparable a la existente en otras ciudades españolas, ya que la incidencia de covid-19 en las ciudades gallegas es bastante menor. Si bien esto puede parecer un contrasentido, en realidad es una ventaja. Las medidas precoces evitan la diseminación del virus y facilitan su control. En segundo lugar, el cierre de las ciudades corta la transmisión del virus al rural gallego. Los datos de Sanidade mostraban una buena situación en gran parte de las provincias de Lugo y Ourense (excepto las capitales y casos puntuales), junto con zonas de A Coruña. Este cierre impide desplazamientos a todo el rural en el puente de los Santos, cuando se visitan los cementerios. Se trata de impedir el desplazamiento de potenciales infectados, muchos asintomáticos, de zonas con incidencia alta a otras con incidencia baja. En tercer lugar, haber activado el confinamiento en las ciudades a las 3 de la tarde deja poco margen de maniobra a aquellos que pretendiesen evadir estas restricciones. Uno de los aspectos que más llaman la atención de esta pandemia es la tardanza en hacer efectivas decisiones que son urgentes. Ocurrió con la primera declaración del estado de alarma y sigue ocurriendo con los confinamientos de las ciudades, que se anuncian casi siempre con bastante antelación. Es evidente que esta medida tendrá un impacto en la incidencia de la pandemia fuera de las ciudades, pero su efecto será desconocido. Alguno, equivocadamente, podrá decir que no ha valido para nada, pero el resultado será positivo.

Dentro de las ciudades se impiden las reuniones con no convivientes. Esta medida, aplicada de forma responsable por la ciudadanía, también permitirá reducir la incidencia de contagios, como ya se observa en Ourense, pero será necesario mantenerla en el tiempo. Presenta el problema del control de su aplicación y es de muy difícil supervisión, por lo que la responsabilidad individual juega un papel crucial.

¿Qué se busca con todas estas medidas? Si todos somos responsables se podría conseguir no solo estabilizar el número de contagios, sino incluso reducirlos en los próximos días siempre y cuando estas medidas sean aplicadas de forma rigurosa, especialmente las que hacen referencia a los contactos entre no convivientes. El resultado será una menor sobrecarga del sistema sanitario y de su personal, mantener la eficacia del rastreo de casos y tratar de mantener cierta actividad económica evitando un confinamiento total. Nos jugamos todo en ello.

Por Alberto Ruano Profesor titular de Medicina Preventiva y Salud Pública. Coordinador del Grupo de Investigación de la USC

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