En los peores momentos de la crisis económica surgida del crac del 2008, temíamos la invasión de 10.000 hombres de negro y veíamos a Angela Merkel como un todopoderoso ojo de Sauron. Para sustraernos a su mirada escrutadora, hicimos todo tipo de promesas para parecer frugales y europeos. Una de las más rimbombantes la hizo Mariano Rajoy en su primer discurso de investidura. Fue en diciembre del 2011 cuando el pontevedrés anunció «la racionalización del mercado laboral» y el fin de los puentes.

Aquella propuesta nunca llegó a hacerse efectiva. La prueba definitiva llegó en el 2016, cuando el propio Rajoy se vino a Galicia a disfrutar del de Difuntos y así postergó la formación de su nuevo Gobierno. Los puentes siguieron formando parte de nuestras vidas y de nuestra economía. Y ahora se han convertido en trending topic por obra y gracia de la alumna más aventajada de Donald Trump en España, Isabel Díaz Ayuso.

La presidenta madrileña, que parece pasar más tiempo en entrevistas y tuiteando que gobernando, está empeñada en ir por libre. La última prueba es su polémica medida de cerrar la comunidad en fechas señaladas. Con ella desafía al Gobierno, disgusta a sus vecinos, provoca a los sensatos, alborota las redes y demuestra una vez más que se le da muy bien volar todos los puentes.

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Isabel Díaz Ayuso, la voladora de puentes