Vivimos un tiempo de políticos raros, muy extrañamente democráticos, que hacen y deshacen en los límites de lo confusamente aceptable o de lo ya claramente rechazable. Sus nombres agotarían el espacio de este artículo, pero algunos deben de ser claramente citados. Por ejemplo, el estadounidense Trump. ¿Va a aceptar los próximos resultados electorales en EE.UU., si no le son favorables? Este vencedor a título individual de la covid-19 no se cansa de ofrecer mensajes confusos y amedrentadores.

Pero, claro, la lista no se agota en el singular Trump, en contra de lo que algunos creen. Podemos repasar la Europa del Este (con Rusia a la cabeza), Asia (con la gran China y el sólido Japón), África (con todos sus grandes caos) o América Latina (en su laberinto ideológico), para ver fenómenos autodenominados democráticos que ni lo son ni tienen la menor voluntad de parecerlo, excepto en sus abracadabrantes definiciones.

¿Y qué sucede en la Unión Europea, con el Reino Unido ya extramuros? Basta con echar un vistazo con algún rigor. Tenemos quizá lo mejor en términos políticos -es decir, unas democracias sólidas y unas naciones ricas-, pero también tenemos países en una situación tan singular como España, con un galimatías político que, de torcerse y traspasar ciertas barreras, podría embarrancarnos. Porque nuestra política tiene algo de escenificación y de circo, algo que se ha intensificado con la llegada de Sánchez y sus interminables pactos, a veces sorprendentes o simplemente extravagantes. ¿Adónde nos está llevando? No creo que el presidente lo sepa, ni creo que lo sepa nadie. España es una carreta en la que avanzamos al albur de un azar y de una coyuntura. Algo peligroso.

¿Qué es urgente, en nuestro caso? Dejar de chalanear y ofrecernos un horizonte político claro y obviamente democrático, en el que nadie pida la cabeza de nadie. Porque la realidad es que en España cabemos todos y no necesitamos de desafíos continuos entre nosotros. El día que interioricemos esto, habremos dado un gran paso, y nuestra democracia se fortalecerá y dejará de ofrecer signos inequívocos de flaqueza o de agotamiento. Es el gran objetivo que debe convocarnos, animarnos y unirnos ahora y en el futuro.

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Un mundo raro