La alta costura del suspense

¿Quién manda, la realidad o la ficción? Filmin invita a redescubrir a François Ozon

Fotograma de la película «En la casa», de Ozon
Fotograma de la película «En la casa», de Ozon

El confinamiento físico y mental tiene una vía de escape en el espejo, en el reflejo creativo que son esas ficciones que te hacen ser un voyeur de la propia casa, explorar el universo de constelaciones y agujeros negros que se expande de puertas adentro. El hogar es un mundo que cuesta descubrirse. Realmente, se nos ve mejor por fuera de lo que nos vemos por dentro. Se ve la paja en el ojo ajeno, pero nunca la viga en la mirada de los nuestros. «Si eres capaz de explicar lo que pasa en tu calle, eres capaz de explicar el mundo», decía Machado. Se puede reducir incluso un poco más el espacio, a tono con los tiempos. Si eres capaz de explicar lo que pasa en casa, en el círculo de tus relaciones, sabes por qué Casado dijo «no» a Abascal en el último momento. Es elegante medirse, resistir, guardar las apariencias. Es perversa la doblez, pero también insoportable la fragilidad interior de la gente que va siempre de frente.

El guion cambia la historia, en la realidad y la ficción. La palabra altera el curso y el ritmo de los acontecimientos. Lo demuestra de forma maestra y hechizante François Ozon -que acaba de estrenar Verano del 85- en En la casa, la joya de un ciclo en Filmin sobre el maestro francés, alta costura del suspense, que sabe bien cómo hacer el corte y dónde coser para no saturar con esa clase de literatura en tetrabrik que se ve en el Congreso. Cada palabra está medida en la película En la casa. Cada escena. El enfoque puede ser excéntrico pero no hay deslices visuales ni expresivos. Ozon muestra el arsenal estilístico del pensamiento. 

Ozon asume el riesgo de lo sutil, tiene las capas de cebolla de la madurez de lo complejo. Joven y bonita hace ver la prostitución de otra manera; Gracias a Dios, es una versión inteligente de cine de denuncia; El amante doble, una locura erótica para salir corriendo y psiconalizarse, pero En la casa es obra maestra. Los ejercicios de redacción de un alumno que entra como voraz observador en casa de un amigo (y se apodera de su madre, su objeto de deseo, y del alma de esa familia que desea hacer suya) atrapan a un profesor, escritor frustrado acomodado en una inercia de clase media Premium, hasta cambiarle el día, las noches, el matrimonio, la vida, incluso hasta el pasado. ¿Qué es más real, lo que se ve o lo que nos cuentan? ¿Por qué necesitamos buscarnos en relatos ajenos? 

Ozon distingue el poder de un buen relato... que en parte depende, por supuesto, del público.

¿Qué es realidad y qué ficción? «En la casa», Ozon dispara a la simpleza de clase media, y deja abierta la respuesta. Pero no hay duda de cuál de las dos manda. Lo que es depende tanto de cómo se cuenta...

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