No era ni el momento ni tampoco tuvo el tono que se debe suponer a una moción de censura constructiva. El debate arrancó el miércoles con el contador de víctimas del covid-19 superando el millón de españoles —oficialmente, lo que supone que probablemente sean muchos más— víctimas de la pandemia. Y se cerró al filo del mediodía con otra catarata de reproches sobre la reforma del CGPJ de todo tipo de colectivos y organismos internacionales y locales.

Antes, conviene no olvidarlo, el mismo martes, nuestros diputados pasaron buena parte de la mañana discutiendo si subirse el sueldo, como querían el PSOE y Unidas Podemos, o no, como al final se impuso el sentido común del resto de partidos.

Por el medio no hubo sorpresas. Aunque el PP quiso mantener el suspense hasta el final, su no estaba cantado. «Son la derecha que le gusta a la izquierda», le reprochó Casado, quizá el mejor discurso de la veintena pronunciados en dos días, para dejar claro su rechazo a una iniciativa imposible que le ha dado minutos de pantalla a titulares a Vox, pero que difícilmente se recordará en la próxima cita electoral.

Sánchez aprovechó ese no de Casado para frenar el disparate de su plan para imponer un CGPJ a medida del Gobierno, rechazada por la oposición, por sus socios, por los operadores judiciales y por las principales instituciones europeas. Pero de poco más ha servido la moción de censura para los españoles de a pie. Las cifras nos dicen que la crisis es galopante, pero seguimos pensando en a qué huelen las nubes.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
11 votos
Comentarios

Moción de censura: otras 18 horas perdidas