Pobre memoria de España


Siempre se ha dicho que este país no tiene memoria y debe ser verdad. Por las redes circulan vídeos de reporteros que preguntan a la gente por la calle quién fue Adolfo Suárez, por citar un ejemplo casi tópico, y sorprende la cantidad de jóvenes que no tienen ni idea, o ignoran en qué época gobernó Franco. Ahora la empresa GAD 3 acaba de hacer un estudio que significativamente titula La memoria de un país y su resultado es descorazonador. Me fijo solamente en tres detalles. Primero, casi la mitad de los consultados creen que ETA sigue activa. Segundo, muy pocos recuerdan quién fue y qué le ocurrió a Ortega Lara. Y tercero, un 30 por ciento de los mayores no identifican a Miguel Ángel Blanco, pero ese porcentaje se eleva al 60 por ciento de los jóvenes. Dentro de nada, quizá antes de que su asesino salga en libertad, Miguel Ángel Blanco será completamente olvidado.

Seguro que hay muchas explicaciones. Quizá sea el fruto natural del paso del tiempo. Quizá sea que nadie les explicó a esos jóvenes las crueldades de la banda terrorista. Quizá ocurra que las nuevas generaciones viven al día, tienen otros mitos y su interés por la historia reciente es nulo. Quizá falle el sistema educativo, que vive ausente de la realidad próxima. O quizá las nuevas generaciones han decidido no mirar atrás. Bastante tienen con mirar a un futuro incierto y preocuparse de un presente con la realidad del 44 por ciento de los menores de 25 años en el paro.

Pero me resultan inevitables dos reflexiones. Una, para fijarme en lo que ocurre en el País Vasco. ¿Qué tipo de relato pueden hacer los sucesores políticos del conglomerado etarra si el gran público desconoce sus asesinatos más crueles? Es natural que los presos que salen a la calle sean recibidos con homenajes de sus pueblos. Tiene lógica que Bildu, que jamás condenó un crimen de ETA, tenga los votos que tiene, aproximándose al Partido Nacionalista. Y es comprensible que la banda armada esté dejando de ser para mucha gente un grupo terrorista para quedarse en la conciencia colectiva como un movimiento social que el País Vasco necesitó. Es terrible, pero eso está ocurriendo.

Y pienso también en el conjunto del país. ¿Qué tipo de memoria histórica o democrática, como se llama la nueva ley ideada por Carmen Calvo, se puede recrear si hay tanto desconocimiento de la memoria reciente? Cualquier cosa que se diga será aceptada por un porcentaje imprevisible de la sociedad.

Será muy difícil el equilibrio entre las dos Españas que la transición unió a medias, si se impone una ideología aprovechando el desconocimiento mayoritario. Y no se puede descartar que mucha de la memoria que se trata de relanzar sea oportunista, por no decir partidista, por no decir de un solo lado. Creo que antes de reconstruir la memoria por medio de una ley, habría que comenzar por construir la educación.

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