El profesorado, ¿tiene miedo al cambio digital?


Clases «online» a lo tradicional

Todos somos conscientes de los efectos del covid-19 y colaterales. Pero lo que no me esperaba es que con toda la tecnología que tenemos a nuestro alcance el sector de la educación se volviera todavía más tradicional.

Exceptuando universidades, que ya estaban preparadas para este cambio al digital, el resto han tenido que adaptarse en un tiempo récord.

Sin embargo, se ha establecido una dinámica contraria a la que parecía proponer el termino clases online. Si se habla de innovación, novedad y futuro, entonces por qué arrastrar una metodología de clases que no se adapta al formato. El nivel de concentración del alumnado mirando una pantalla, donde el profesorado permanece inmóvil frente la cámara, no es precisamente por lo que uno paga su educación.

Al sector educativo se le llena la boca de palabros que buscan romper con lo establecido y que su alumnado busque alternativas, sin que ellos mismos aprovechen las oportunidades que les ofrece el contexto. ¿Quiere decir esto que el profesorado está anticuado? ¿O están desmotivados? ¿O tienen miedo al cambio?

Me gustaría tener a profesionales que cumplen con su filosofía. Que estimulen esta metamorfosis de la enseñanza, que lo hagan por vocación y que el implemento de la tecnología sea una herramienta y no una amenaza. Carolina Lleida. A Coruña.

Dos varas de medir

En estos tiempos convulsos y difíciles con la pandemia del covid-19, los usos y costumbres en las formas de trabajar han cambiado radicalmente con las aplicaciones de los protocolos para combatir la pandemia, pero de forma distinta en las administraciones públicas y en la actividad empresarial privada.

Desde la declaración del estado de alarma y la famosa desescalada, en el mes de mayo, camino de la nueva normalidad, reina el más absoluto desamparo de los ciudadanos que necesitan hacer gestiones cotidianas en cualquier administración pública. Todo es a través de Internet: solicitar citas o cumplimentar peticiones de todo tipo, ayudas, pensiones, bajas médicas, etcétera.

Parece que los trabajadores del sector público, quitando excepciones como los sanitarios, los cuerpos de seguridad del Estado o las fuerzas armadas, tengan una protección extra contra la pandemia.

Cualquier ciudadano que tiene que trabajar en la empresa privada acude todos los días a su puesto de trabajo, que también toma las medidas de protección contra el covid, y muchos atienden a los clientes presencialmente, guardando todas las medidas de seguridad.

Parece que hay dos varas de medir para aplicar lo mismo, que es asegurar la salud de todos los ciudadanos. Esto es como el dicho de que predicar en el desierto es sermón perdido, y parece más que hay ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda, viendo lo que está ocurriendo de una manera diaria y cotidiana.

Las normas se hacen para su cumplimiento, pero por parte de todos por igual. Enrique Lorenzo

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