Un cierto olor a años 30


Las encuestas de intención de voto, realizadas tres años antes de que se celebren elecciones, apenas tienen valor. Desde luego, no sirven para proclamar un ganador o un perdedor con tanta antelación. Pero, si se hacen periódicamente como las hace el muy discutido CIS, sirven de guía de la evolución de la opinión pública. La que ayer se difundió quiere indicar algo: que la coalición de Gobierno ya no tiene tantos partidarios como hace un mes y que las dos derechas, Partido Popular y Vox, se benefician de un leve giro a su favor. Son los únicos partidos que suben. El PP acorta distancias con el PSOE, aunque sigue muy lejos de disputarle dominio y liderazgo, y Vox y Podemos siguen jugando al mutuo relevo en el podio. El mes pasado era Podemos quien estaba en el tercer puesto, ahora es el partido de Abascal.

Las previsiones favorables a Vox llegan en el momento oportuno: seis días antes de la moción de censura. Eso dará moral a su candidato y le permitirá pronunciar un discurso incendiario, quizá apocalíptico, que es lo que aprecian sus votantes. Y ciertamente no le faltan argumentos para asediar a Pedro Sánchez: no tiene más que recordar lo ocurrido a lo largo del año. Si pegamos el oído a la calle, hay mucha gente que, odiando a Vox y a su ideología, piensa lo mismo sobre la situación general, y ya sabemos que el populismo consiste en recoger y decir lo que se dice en la calle.

Es lo que hizo Podemos cuando la anterior crisis económica empobreció a tantos ciudadanos y les recortó servicios públicos. Cuando llegue lo más duro de la actual recesión, no descartemos que la batalla política se riña entre esos dos populismos, pero con una ventaja provisional para Vox: como está en la oposición, tiene libertad de crítica. Podemos es gobierno, no puede censurar su propia obra y montará su estrategia como ya lo está haciendo: centrándose en la Monarquía, un debate que pocos piden, pero a los gobernantes les sirve para desviar la atención de los problemas actuales.

El panorama es tan interesante como peligroso. Si la confrontación se hace entre el populismo de derechas y el de izquierdas -es decir, entre los grandes partidos radicales-, la vida política se crispará todavía más, el frentismo será más evidente y la polarización, extrema. Es pronto para hacer esa previsión, pero, como se suele decir, apunta maneras.

Un partido político que tiende a ver el país lleno de rojos y de destructores de la unidad nacional y otro que utiliza las redes sociales para denunciar a fachas y llega a situar a la Corona en la extrema derecha auguran una contienda letal para la convivencia. Ya empieza a recordar demasiado el clima de los años 30. Esto lo deberían estar viendo los partidos Socialista y Popular. Y deberían dejar de romper puentes entre ellos, porque algún día se pueden necesitar mutuamente. Y este país lo está necesitando ya.

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