«Los árbitros de la verdad»


El dueño de Facebook se puso estupendo. Y soltó una frase lapidaria y rotunda: «Las redes no somos árbitros de la verdad». Mark Zuckerberg la usó en junio para atacar a un rival, Twitter, por haberle puesto una etiqueta de verificación a un tuit de Trump.

Como suele ocurrir cuando se habla tan alto y contra el viento, sus palabras se han convertido en un bumerán. Se vuelven contra él. ¿Por qué? Porque Facebook ha limitado la difusión de un reportaje del amarillista New York Post sobre los supuestos negocios turbios de un hijo de Joe Biden en Ucrania. El texto periodístico implicaba al aspirante demócrata a la Casa Blanca, pero la red social más utilizada del planeta -y que jugó un papel relevante en la elección de Trump en 2016- consideró que la información no era fiable. Twitter también.

Las quejas de los republicanos y del propio presidente de EE.UU. no se hicieron esperar. Se lanzaron acusaciones de censura partidista. Llegaron algunas disculpas desde las cúpulas de las redes por las formas (la falta de contexto o explicaciones claras), pero no por el fondo. Y es el fondo el que importa aquí.

A casi todos nos parece bien que limiten la difusión de las mentiras y la desinformación. Pero también nos asusta su papel de árbitros de la verdad.  ¿Y si algún día deciden pasarse al otro lado, al de las noticias falsas? ¿Nos parecería bien que tuvieran tanto poder? Seguramente no.

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