Cuidados paliativos, un derecho incumplido


No me cabe en la cabeza que a estas alturas todavía haya algún médico que se niegue a sedar a un paciente en estado terminal, justificando su actuación con la manida frase de «aquí no estamos para matar a nadie». Con esa actitud y con ese argumento evidencia no solo su impericia profesional, sino también su desconocimiento de los más elementales postulados de la bioética y de la deontología profesional. Tan grave lo uno como lo otro, resulta que también está vulnerando la legislación, en el caso gallego la ley 5/2015, de derechos y garantías de la dignidad de las personas enfermas terminales, cuyo artículo 11 dispone, entre otras cosas, lo siguiente: «El paciente tiene derecho a recibir la atención idónea que prevenga y alivie el dolor, incluida la sedación si el dolor es refractario al tratamiento específico. El paciente en situación terminal o de agonía tiene derecho a recibir sedación paliativa, cuando lo precise». Más claro, imposible.

Y para que no haya duda la propia ley define la sedación paliativa como «la administración deliberada de fármacos en las dosis y combinaciones requeridas para reducir la conciencia de un paciente con enfermedad avanzada o terminal tanto como sea preciso para aliviar adecuadamente uno o más síntomas refractarios y con su consentimiento explícito. Si este no es posible, se obtendrá de su representante. La sedación paliativa constituye la única estrategia eficaz para mitigar el sufrimiento ante la presencia de síntomas refractarios intolerables que no responden al esfuerzo terapéutico realizado en un período razonable de tiempo. Un tipo especial de sedación paliativa es la sedación en la agonía, que se aplica cuando la muerte se prevé muy próxima. El fallecimiento será una consecuencia inexorable de la evolución de la enfermedad y/o de sus complicaciones, no de la sedación».

Solo con lo anterior ya se justifica la necesidad de celebrar el Día Mundial de los Cuidados Paliativos, para poner en valor esta y otras cuestiones relacionadas con la calidad en la atención al final de la vida. Esta celebración tiene lugar el segundo sábado de octubre. El covid-19 hace aún más urgente esta celebración, puesto que ha evidenciado que, a pesar de las proclamas y las leyes, estamos muy lejos de ofrecer a nuestros enfermos terminales los cuidados paliativos que demandan y a los que tienen derecho. Lo acontecido en muchos sitios ha sido terrible. Hay que propiciar una auténtica cultura paliativa.

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