Caso Bankia: se cierra una etapa

Antonio Carrascosa FIRMA INVITADA

OPINIÓN

MABEL RODRÍGUEZ

06 oct 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

La sentencia del caso Bankia ha descartado, con buen criterio, responsabilidades penales (por posibles delitos de estafa a inversores y falsedad contable) en la toma de una decisión estratégica por parte de los administradores y gestores de la entidad: su salida a Bolsa en 2011. En la justificación de mi valoración no entraré en argumentos jurídicos sobre la sentencia.

Ante todo, los gestores y administradores de Bankia tomaron su decisión sin poder anticipar hechos con un fuerte impacto sobre el sector financiero en 2011 y 2012, por ejemplo, el empeoramiento de los mercados financieros justo en el momento de la salida a Bolsa, la nueva recesión económica de 2011 y mucho menos las muy fuertes exigencias de provisiones exigidas por dos Reales Decretos-Leyes en 2012. Lo que no puede hacerse es aplicar el sesgo retrospectivo para valorar decisiones pasadas y, especialmente, cuando se trata de dirimir responsabilidades penales.

Las cuestiones contables eran muy relevantes en el caso Bankia. Es claro que la dotación de provisiones no es pura matemática y que siempre hay un margen de maniobra para los administradores, lo que es avalado por las propias normas. ¿Bankia debería haber dotado más provisiones antes de la salida a Bolsa? Con la información que tenemos hoy, seguro que sí, pero según el criterio de los administradores, la regulación, el supervisor bancario y el auditor, antes de la salida a Bolsa, no. También cabe mencionar algunos criterios contables que el supervisor aplicó a todas las integraciones de cajas de ahorros en esos años. Me refiero, por ejemplo, a que la puesta a valor razonable de sus activos no se tradujera en provisiones extraordinarias (que se dotan contra la cuenta de resultados), sino contra reservas. Algunos expertos han defendido otras alternativas, pero este criterio ha sido aplicado sistemáticamente por muchos supervisores.