Fernando Simón ya es famoso


La pandemia ha convertido a Fernando Simón en uno de los rostros con más horas de televisión de los últimos nueve meses. Su cara ilustra camisetas con su perfil convertido en icono pop de la era covid. Incluso con los ojos cerrados los españoles podrían distinguir su voz entre un millón. Pero él no se consideraba a sí mismo lo que se dice famoso. Uno no es famoso de verdad, pensaba, hasta que te llama Calleja y te hace una de sus entrevistas-espectáculo que, entre peripecia y peripecia, van entresacando retazos del ser humano que hay dentro. Ahora que su ídolo televisivo ya lo ha entrevistado Simón ya puede etiquetarse oficialmente como celebridad. Esa admiración explica por qué en este año tan duro, en el que su palabra movió a un Gobierno a cerrar el país, dedicó más de la mitad de su semana de vacaciones a irse con el aventurero a Mallorca. Después de nueve meses sentado en una silla y sin entrenar, Simón aún tiene callos en las manos de practicar escalada y dejó alucinado a Calleja al superar con buena nota una ruta de enduro. «Estoy bajo de forma, pero no te imaginas lo bien que sé sufrir», advirtió el estoico epidemiólogo, que reivindicó la importancia de una profesión poco comprendida y aconsejó a la gente no tener miedo, pero sí prudencia. Que nos sigamos relacionando como antes, pero a más distancia; que nos sigamos queriendo igual, pero con menos abrazos.

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