Debate: ¿Es el momento de que el Gobierno incremente los impuestos?

La difícil situación económica española aboca al Estado a buscar financiación, pero los expertos creen que incrementar la presión fiscal puede ser contraproducente. Ni Pedro Sánchez ni Pablo Iglesias hablan de recortar gastos.

Con una caída del PIB que se estima este año entre el 10 y el 12 %, más de 3,8 millones de personas en paro y otras 800.000 en situación de ERTE, España afronta su momento más crítico desde hace décadas. El Gobierno ya ha insinuado que tendrá que subir los impuestos, pero los economistas consideran que puede ser peor el remedio que la enfermedad y apuestan por hacer frente a la situación con otras medidas, como poner coto a la economía sumergida.


No. Si se suben, retrasaremos la recuperación

Las medidas de confinamiento y los rebrotes del covid-19 han hecho mella en la economía española. Una caída estimada de la economía del entorno al 13 % para este año, superando todos los registros de la serie histórica. La causa se puede encontrar en el fuerte retroceso de la demanda agregada: caídas espectaculares en el consumo, la inversión, las exportaciones de bienes y el turismo.

Ha sido precisamente esta reducción de la demanda agregada la que ha provocado que una parte de la capacidad productiva esté sin utilizar, un aumento del desempleo y el cierre de muchas empresas. ¿Qué se puede hacer? Para salir de esta situación crítica se deben aplicar políticas económicas expansivas, tanto fiscales como monetarias (dirigidas a utilizar más eficazmente los recursos productivos).

En el terreno fiscal expandir la demanda pasa por aumentar el gasto público productivo y reducir los impuestos para emplear la mano de obra que está sin trabajo y los recursos de capital que se encuentran ociosos. El objetivo es intentar que la actual recesión sea lo más corta posible y volver, cuanto antes, a una fase de expansión económica duradera y sostenida a largo plazo.

En lo que al gasto público se refiere, y teniendo en cuenta que el gasto en sanidad y educación, así como las ayudas a las pymes y los desempleados se han disparado, al Gobierno no le queda más remedio que reducir otro tipo de gasto público. Lo recomendable sería reformar las administraciones públicas para hacerlas más eficientes y reducir su coste para el contribuyente. Se trataría de combinar el aumento del gasto necesario (aprovechando los fondos europeos) con una reducción del gasto suntuario, lo que ayudaría a la recuperación económica y, a la vez, evitaría que el déficit público se dispare.

Si reducir el gasto público improductivo es recomendable, no subir los impuestos, e incluso reducirlos, resulta imprescindible. En una situación de incertidumbre y deterioro económico se deben bajar los impuestos para crear un entorno fiscal que estimule el crecimiento y la creación de empleo.

En un escenario en el que la recaudación fiscal está cayendo se hace más necesario aún contener el gasto público. Desgraciadamente, no hay señales de que el Gobierno vaya a racionalizar el gasto de las administraciones públicas. Por ello, y para que el déficit público no se dispare, es posible que el Gobierno se plantee subir los impuestos.

Ahora bien, ¿es el momento adecuado para subir los impuestos? La respuesta es claramente no. La subida de los impuestos afectaría al consumo y a la inversión, pues reduce la capacidad de compra de los ciudadanos y las posibilidades de financiación de las empresas, lo que perjudicaría cualquier posible recuperación. Además, en estos duros momentos, en los que la actividad económica española ha sufrido una fuerte caída, no parece que una subida de impuestos vaya a aumentar la recaudación, al menos en el corto plazo.

En definitiva, el Gobierno debería contemplar unos presupuestos para el 2021 con rebajas impositivas que estimulen la demanda y compensar las subidas de los gastos, ahora imprescindibles, con una reducción del gasto innecesario. Un camino que debería seguir también el conjunto de las administraciones públicas.

Autor Rafael Pampillón Olmedo Profesor de IE University

¿Y por qué no ahogar la economía sumergida?

La situación actual de la economía de nuestro país es crítica, el PIB caerá este año entre el 10 y el 12 %, las cifras del paro son alarmantes, con más de 3,8 millones de personas, a las que hay que añadir los más de 810.000 en situación de ERTE. Las estimaciones de déficit se elevan por encima del 10 % para este año, y la deuda pública va en aumento, alcanzando valores que pueden llegar al 120 % del PIB en este y los próximos años. Con estas cifras será difícil hacer frente a los gastos, más aún cuando las perspectivas de recuperación económica no permitirán alcanzar el PIB registrado en años anteriores en poco tiempo.

A la vista de la situación, con la caída de la actividad económica, las posibilidades de recaudación de ingresos por parte del Estado se reducen sustancialmente, como consecuencia de los cierres de negocios y empresas, el descenso del número de cotizantes, y la caída del consumo interno derivada de la reducción de ingresos y los descensos en los salarios. Por otra parte, las necesidades de gasto público crecen considerablemente, para dar cobertura al aumento del número de personas en paro y en situación de ERTE, y la cobertura de otras necesidades sociales.

Hay, por tanto, un problema de cobertura de gastos, que no se podrá extender indefinidamente a costa de incrementar la deuda. Es por ello que se plantea la posibilidad de un incremento impositivo, pero este no debe recaer sobre los impuestos al trabajo o al consumo, pues reduciría la capacidad de gasto de la población retrayendo aún más la actividad económica. Están en el punto de mira los impuestos sobre las ganancias de capital y el patrimonio, y los impuestos a las rentas más altas, para las que aún habría margen para incrementar el IRPF, según el sindicato de técnicos de Hacienda. Por otra parte, la puesta en práctica de las tasa Tobin y Google podría aliviar algo la situación.

En todo caso, no sería conveniente una subida del impuestos a la actividad empresarial en general, el Impuesto de Sociedades, impuestos a autónomos y a pymes, pues en estos momentos el reto es sobrevivir a la crisis actual y tener posibilidades de crecer y crear empleo.

Las decisiones que se tomen para elevar los ingresos fiscales, mediante una posible y más que probable subida de impuestos, deben ir acompañadas de medidas necesarias para reducir la economía sumergida -en España representa alrededor del 20 % del PIB-, así como de una apuesta contundente contra el fraude fiscal.

Autor Emilia Vázquez Rozas Profesora titular de Econometría en la USC. Miembro del Equipo Hispalink-Galicia
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