¿Le tiene afecto a la clase política?


Si yo fuera político

Si he de ser sincero no tengo nada ni a favor ni en contra de la clase política. En todo caso debería sentir cierto grado de afecto y de agradecimiento porque, en abstracto, se trata de servidores públicos, y en tal sentido, me tendrían que merecer el máximo respeto.

La cuestión es que no siempre, o casi nunca, sus actitudes casan con las definiciones que de ellos hace la Real Academia Española y con mi manera de ver las cosas. Un político, según algunas acepciones de la RAE, debería ser una persona cortés y de buen comportamiento, características que rara vez se cumplen, como podemos comprobar reiteradamente en los foros en los que participan.

Un político tendría que velar por el interés general de los ciudadanos, manteniendo, gestionando y administrando los recursos públicos con eficacia y honradez, cualidades que se dan con poca frecuencia, y huyendo de la demagogia, de la incompetencia y de la corrupción, que vienen siendo una constante. Hay muchas más razones para desconfiar de la clase política, en la que hay honrosas excepciones. En cualquier caso no es algo que me preocupe exceso, o, mejor dicho, es algo que ha dejado de preocuparme porque sería tarea inútil. Por ello proclamo mi independencia, mi libertad para decir lo que pienso por este medio y para dejar constancia de que, a pesar del título de esta carta, ni he sido, ni soy político ni he pensado en serlo nunca, porque si lo fuera otro gallo cantaría, o no. Aunque lo cierto es que todos, cada cual en nuestro ámbito, también hacemos política, y quién esté libre de culpa que tire la primera piedra. Enrique Stuyck.

 Los presupuestos son básicos

España además de la pandemia, tenemos un importante problema económico y necesitamos unos presupuestos para el año 2021; por lo tanto, el Gobierno debería llegar a acuerdos con los partidos políticos que acepten dialogar; los que no acepten ese diálogo a la hora de la votación deberían abstenerse por responsabilidad política. Estamos en una situación de emergencia económica, la deuda pública alcanzó un récord de 1,3 billones de euros en junio y sigue creciendo. Cada mes se gastan 9.653 millones de euros en pagar las pensiones y doble los meses de julio y diciembre por las pagas extra. La hucha de las pensiones está a mínimos, pero algunas comunidades, como la de Madrid, piensa en bajar los impuestos, deberían repensar el tema. Tenemos que recuperar la sanidad después de ocho años de recortes, hay que mejorar la educación y actualizar el aporte a I+D+i, garantizar el futuro de las pensiones, actualizar la ley de la dependencia y teniendo presente la pobreza infantil. Para todo lo expuesto, los presupuestos son básicos. Andrés Sanjurjo Martínez. Ferrol.

Educación

As estériles negociacións que se están a alongar no tempo entre a asociación Foampas e a Delegación de Educación están a concluír en consecuencias gravosas para un amplo número de alumnos nas escolas públicas da cidade. Ante a imposibilidade de pais e nais de compaxinaren vida laboral e profesional, e por mor da falta de acordos entre ambas as institucións, estase a producir unha serie de «efectos colaterais» (entendo que admitidos e aceptados como tales por ambas as partes). A saber:

-Transvase de alumnos dende a escola pública ás escolas concertadas (co conseguinte custo emocional para os rapaces).

-Afectación nas economías das clases de rendas máis empobrecidas, que teñen que facer gastos non previstos en comedores privados.

-Achegamento obrigado ás escolas de grupos de alto risco (avós e avoas) ante a necesidade de conciliación de pais, ou, xa directamente, a non asistencia á clase de rapaces pola imposibilidade de concretar algunhas das anteriores medidas.

Posicionarse dentro da ANPA pedindo alternativas a estes modelos comporta enfrontamentos, xuízos de valor gratuítos e críticas ás opinións diverxentes, quedando pouco menos que relegado á exposición do noso malestar neste espazo, para poder repetir o rexeitamento a estas lideiras «intestinas» que non serven máis que para provocar, unha vez máis, o debilitamento da escola pública. O tempo das solucións «urxentes» rematou o 14 de setembro, data de inicio do curso, e agora só queda a responsabilidade de resarcir cun mínimo de dignidade moral o dano causado por estes efectos colaterais nos nosos nenos e na escola pública. Eva Vilán.

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