Pues a ver si es cierto que caen


Ante la gravedad de las primeras revelaciones sobre el espionaje policial organizado desde el seno del Ministerio del Interior, el líder de los populares, Pablo Casado, ha salvado el primer match-ball asegurando que «caerá quien tenga que caer». Pero inmediatamente añadió que no permitirá juicios paralelos, porque «otros casos quedaron en nada».

Y eso es exactamente lo que puede ocurrir con la trama Kitchen urdida, supuestamente, por la cúpula del Ministerio del Interior, dirigido por el inolvidable Fernández Díaz. Se trataba de espiar a la familia Bárcenas, destruir documentos y torpedear las investigaciones que salpicaban a dirigentes del PP por la operación Gürtel. Con la denuncia del número dos de Interior se vuelve a abrir una etapa del Gobierno Rajoy de la que no se aclararon sus sombras.

Por eso la reflexión de Casado debe inquietarnos. Estamos demasiado acostumbrados a que «otros casos quedaron en nada». Para ser exactos, la práctica totalidad. Desde las tramas parapoliciales a las financiaciones irregulares, pasando por la actuación de grupos armados y escándalos de todo tipo. Ocuparon espacio en los medios de comunicación, se discutió sobre ellos y, por unos motivos o por otros, los responsables no dieron cuenta de sus fechorías. Llevamos décadas buscando al señor X.

No es esta la primera ocasión en la que un partido político se cree propietario del Estado y de todas sus instituciones. Ni que utiliza fondos públicos en beneficio propio. Tampoco la primera en que se interfiere delictivamente en la acción de la Justicia. Ni la que se saltan la separación de poderes. Pero, con todo, la trama Kitchen, por mucho que sea de otra época, como dijo Feijoo en una desafortunada justificación, es de una gravedad extrema, porque un ministerio de un Gobierno democrático impartió órdenes ilegales para que sus cloacas actuarán sin respetar los derechos fundamentales de los ciudadanos. Lo que se dice un ataque a la Justicia, a la democracia y a los ciudadanos.

De ahí que lo que debemos exigir es que caiga quien tenga que caer. A ver si esta vez tenemos suerte. Aunque la experiencia nos dice que Pablo Casado acierta al vaticinar que puede que ocurra como cuando «otros casos quedaron en nada».

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