Disfruten de la luna, no del dedo


El verano tiene esta nueva manera de irse con espasmos de calor bestiales, que demuestran que estamos en un mundo raro. Un centímetro no es un centímetro. Un grado pueden ser dos grados. Septiembre siempre fue el mes en el que se atenuaba el calor transparente de julio y agosto, esa claridad azul iba bajando su intensidad hacia la muerte de los días con unos anocheceres que se demoraban gloriosos. El calor bonzo de julio y de agosto, el 5G de las temperaturas, cedía paso a ritmo de carreta a una conexión con el sol a velocidad 3G o casi aquella 2G, que casi ni recordamos. Los primeros móviles eran del tamaño de los ladrillos. El relevo del verano y el otoño era paulatino. Un descenso leve de caricias. Esa luminosidad gótica y esplendorosa estival se atemperaba y se convertía, poco a poco, en septiembre en una templanza de iglesia románica, comedida, sabia. Un preámbulo necesario para anunciar el fallecimiento de las hojas de los árboles en otoño y así ir poniendo las locomotoras de los castañeros en las aceras. Pero ahora nada es verdad o todo es media verdad. Con el covid, tal vez ni las castañas se puedan vender en las esquinas. Este último finde, Galicia fue el Sáhara. No nos pilló por sorpresa, porque a estas alturas de Pandemia sabemos que las certezas han sido fusiladas. O están heridas de fusilamiento. El proverbio judío lo dice: «Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes». El tenis también salta por los aires. Zverev, saque-volea, le remonta a Pablo Carreño, pico y pala, y luego Thiem, más pico y pala, fogonero de fondo de pista, le remonta a Zverev para ganar un US Open en el que sacaron una tarjeta roja de fútbol a Djokovic. Un sudoku. Claro que no estaba Roger Federer, que es el único que juega al tenis con el esmoquin de Frank Sinatra. Super Mario Bros, el fontanero más famoso del mundo y uno de los videojuegos más vendidos, cumple 35 años y parece que fue ayer. El tiempo es volátil y así volvemos al existencialismo de Albert Camus: «El error consiste en creer que existen condiciones para la felicidad. Lo único que importa es la voluntad de ser feliz». La realidad se ha vuelto tan ficción de giros inesperados que solo nos queda afrontarla del mejor modo posible, con el as en la manga de la risa y el alfil de la inteligencia. Los hipopótamos que tenía el narco Pablo Escobar en su hacienda se han reproducido y amenazan el ecosistema colombiano. Todo es posible. Nos queda el presentismo. Soy presentista. Un presente es un regalo. Que hace calor sahariano en septiembre, pues a disfrutar de la playa si podemos hasta que anochezca. Y tirados en la playa hacer caso de la fábula de la luna y el dedo. Dice el proverbio chino que «cuando el dedo del sabio señala la luna, el tonto mira al dedo». Disfruten de la luna, mientras nos dejen.

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Disfruten de la luna, no del dedo