¿Estamos preparados para una segunda oleada de fusiones?


Hace algunos años, cuando se produjo la primera gran oleada de fusiones bancarias, el panorama financiero que conformaban las entidades crediticias en España era muy diferente del que observamos en la actualidad. El número de bancos superaba la docena y en cada provincia había prácticamente una caja de ahorros. Nuestro sistema financiero presentaba una atomización preocupante y esto provocó una fiebre por las fusiones, especialmente para las cajas de ahorro.

Luego pasó lo que todos conocemos con Bankia. No hace falta ser economista para saber que, si dos o más entidades financieras con problemas se unen, lo que posiblemente saldrá es otra con problemas mucho mayores. Todos tenemos todavía en mente lo que supuso esta situación y lo que nos costó a los contribuyentes, a pesar de que nos dijeron que no iba a suponer ningún esfuerzo al erario público. Bankia supuso una aportación pública neta de 21.000 millones de euros. Y no fue el único caso.

La situación ahora es muy distinta. La señalada atomización bancaria ya no se produce y nos estamos encaminando hacia una banca cada vez más oligopolizada, sobre todo si tenemos en cuenta la situación a nivel regional y, sobre todo, provincial. De producirse la fusión entre Bankia y CaixaBank, la entidad resultante sería la primera del país y la décima a nivel europeo. Si esto fuera así, tres entidades controlarían la mayor parte del ahorro de este país: Bankia-CaixaBank, Santander y el BBVA.

Los partidarios de esta medida señalan que desde el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de España (BE) se anima a las entidades financieras españolas a que inicien una segunda gran oleada de fusiones, argumentando la falta de rentabilidad, consecuencia de la reducción de los tipos de interés y que todavía hay margen para fusiones, sin que esto implique un oligopolio.

Sin embargo, volver a las fusiones va a provocar un exceso de concentración bancaria territorial. No podemos obviar el importante peso que tienen Bankia y Caixabank en la Comunidad de Madrid y en Cataluña, respectivamente. En segundo lugar, de crearse esta nueva macroentidad financiera el efecto inmediato sería la desaparición de sucursales, para evitar duplicidades, y la pérdida de empleo de ambas entidades. Nuevamente se incentivarán las jubilaciones anticipadas para amortizar puestos de trabajo, en busca de menores costes que aumenten la rentabilidad bancaria. Además, aumentarán los incentivos que ambas entidades tienen para digitalizar muchas de las operaciones que realizan.

Quizás el momento económico, lleno de incertidumbre, por las implicaciones económicas y sociales de la pandemia que todavía estamos sufriendo, debe llevarnos a reflexionar sobre la conveniencia de esta fusión. Todos los pros y contras deben valorarse adecuadamente, puesto que no parece que sea el único movimiento que se va a producir en el panorama bancario. ¿Está la economía española preparada para esta nueva segunda oleada de fusiones?

Por Alberto Vaquero García Profesor titular de Economía Aplicada. Grupo GEN de investigación-Universidad de Vigo

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