Ourense, un juguete


ourense / la voz

Cuando uno se encuentra con un niño maleducado, muy maleducado, suele decir con cierta resignación: «Bueno, la culpa no la tiene él, la tienen sus padres». Algo parecido pasa estos días en Ourense, la tercera ciudad de Galicia, el juguete (casi roto) de Gonzalo Pérez Jácome. Él, que ya tiene una edad, debería asumir parte de la responsabilidad en el esperpento que estamos viviendo, porque, aunque le resulte imposible verlo, no está pensando en el bien de los vecinos. Pero a la hora de atribuir una culpa, una gran culpa, el dedo tiene que señalar al Partido Popular, cuyos responsables le consintieron el capricho de gobernar Ourense (siendo, ojo, la tercera fuerza más votada en las elecciones municipales). Lo hicieron para evitar una rabieta, la de José Manuel Baltar, en riesgo de perder lo que no supo conservar con votos: la mayoría absoluta en la Diputación.

Algunos de esos padres que consienten a sus hijos acaban siendo víctimas del síndrome del emperador: sufren las consecuencias de no haber sabido encarrilar a su niño, que se convierte en un tirano. Sin embargo, en este caso los que están padeciendo el efecto de consentir a Jácome y a Baltar no son los políticos del PP, sino todos y cada uno de los ourensanos. La ciudad está abandonada a su suerte. Paralizada. Sin presente, sin futuro y, por lo que dejan ver los hasta ahora encargados de gobernarla, sin vergüenza.

Al menos habría que pedirle a los responsables que no se hagan los sorprendidos. Si entre ellos decían que era una locura que Jácome gobernara Ourense, ¿por qué se la sirvieron en bandeja?

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