Sea conservador, señor presidente


No es fácil ser conservador en tiempos en los que todo es progresismo. Se han adueñado de tal modo del discurso político, del relato ideológico, que cualquier amago de salir de lo establecido es inmediatamente desactivado. Sin embargo, yo creo que ahora mismo no hay nada más progresista, y hablo en sentido etimológico (caminar hacia adelante), que ser conservador. Lo revolucionario de verdad es el conservadurismo, quizá por ello los mejores teóricos antizquierdistas son aquellos que militaron en la izquierda en su juventud. Uno de ellos, que nos dejó hace cinco años y ya cumplidos los 98, fue Robert Conquest. Era un historiador que militó en el Partido Comunista británico en sus mocedades. Más tarde, en 1968, publicó El gran terror: un resumen exacto de las purgas de Stalin en la década de 1930. El libro fue reeditado en los años noventa: El gran terror: una reevaluación era el título. En realidad, no quería titularlo de ese modo. Su intención era otra. Esta: Os lo dije, malditos tontos. Pero Conquest no fue únicamente un historiador renombrado por sus obras, sino también por haber promulgado lo que él llamó las tres leyes de la política. La primera de ellas resulta concluyente: «Uno es siempre de derechas en los asuntos que conoce de primera mano». Incontestable. 

Basta observar el panorama político actual para concluir que Conquest acertó en su sentencia. Somos de izquierdas con el dinero de los demás, pero muy de derechas con el nuestro. Exigimos una fidelidad católica a nuestra pareja, aunque nuestra lealtad resulte lábil.

La Guardia Civil no está bien vista en nuestra andadura, pero cuando la necesitamos, la queremos de nuestro lado para protegernos. Importa la caja B de los otros y su corrupción, la otra corrupción, resulta anecdótica. Para qué más ejemplos.

Y por todo ello, porque uno está harto de la hipocresía política del presente, pido a Núñez Feijoo que presuma de ser conservador en su nueva etapa. Sin complejos. Ese es el mayor de los retos: conservar lo que nos ha hecho el país de Europa que más ha progresado en los últimos cuarenta años. Conservar la preponderancia del mérito y el esfuerzo. Conservar el medio ambiente -¿cómo es posible que la izquierda sea la dueña del ecologismo?-. Conservar la prevalencia de los empresarios que han salido de la nada hasta construir un imperio, y la de aquellos que han mantenido, o incrementado, el patrimonio legado por sus antepasados. Conservar no el valor del dinero, sino de la educación y la formación y el espíritu. Por eso, pocos días antes de su investidura, se lo pido: sea conservador, señor presidente.

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