Las vacaciones perennes del Gobierno


Es lógico que en una situación de emergencia nacional, el Gobierno esté de vacaciones? Si hablamos de un Ejecutivo que, desde el inicio de la presente legislatura, se ha afanado en alimentar polémicas dejando de lado la gestión, no debería extrañarnos. Aquí hablamos de unas «vacaciones» después de una etapa de grave inacción, provocada por la ineficiencia e inexperiencia de un Gobierno enredado en sus enfrentamientos internos y donde la sombra de la corrupción oscurece tanto su acción, que el día a día se ha convertido en un simple «dejarse ir».

De este marasmo paralizante el ejemplo más paradigmático es el del señor Castells, ministro de Universidades. Con un excelente currículo académico, divulgador e investigador, su gestión pasará a los anales de la Historia como intrascendente. Desaparecido desde prácticamente el día de su nombramiento, su ausencia es más preocupante si cabe en el momento en el que estamos: con el inicio del curso 20/21 en ciernes, nada sabemos de sus planes para afrontarlo. Lo mismo podríamos aplicarlo a la señora Celaá, incapaz de articular la necesaria coordinación con las comunidades autónomas para que el curso escolar sea seguro y eficaz bajo los mismos parámetros en todo el Estado.

Unida a la parálisis está la incapacidad del Gobierno a la hora de establecer una estrategia clara para gestionar la pandemia. Y el primer paso es establecer un marco jurídico solvente que uniformice, coordine y establezca las acciones autonómicas. Así estaríamos ante un Gobierno del Estado que ejerce su gran papel: garantizar la igualdad en los derechos y deberes de todos. Es precisamente el espíritu del plan jurídico que le propuso Pablo Casado y del que nunca ha querido ni oír hablar Pedro Sánchez. ¿El motivo? Así es más fácil que la frustración de la ciudadanía se descargue ante las comunidades autónomas, evitando así la realidad: la ineptitud del Gobierno central que no es capaz de establecer un marco legal común que ampare las decisiones de las autonomías.

El avance de esta segunda ola de la pandemia es preocupante y el Gobierno no ha aprendido. No quiere entender que no hay atajos que valgan: economía y salud pública van de la mano. No habrá crecimiento económico sostenido sin gestión efectiva de la epidemia. De nada valen los golpes de efecto populistas que nos abocan sin remedio al fracaso más absoluto. ¿Acaso pretende Pedro Sánchez no hacer nada para que nada cambie? La gestión, para que sea eficaz, no se hace desde la hamaca. Lo que menos precisa España en estos momentos críticos es un Gobierno de vacaciones perennes.

Por Jesús Vázquez Abad Senador del PP por designación de la comunidad autónoma de Galicia

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