Educación: entre asco y vergüenza


A veces, entre baño y baño, o entre caña y vermú, miro a mi alrededor y lo que contemplo me parece absolutamente surrealista. Miles de personas haciendo lo que han hecho siempre, pero ocultas tras una máscara, aparentando que todo es normal. Cuando se medita fríamente sobre ello, resulta increíble el destrozo que ha causado en el planeta un bichito tan pequeño que, como decía el infausto Jesús Sancho Rof en 1981 en plena crisis por el aceite de colza adulterado, «es tan pequeño que, si se cae de la mesa, se mata». El entonces ministro de Trabajo, Sanidad y Seguridad Social de UCD tuvo al menos la decencia de dimitir tres semanas después del fallecimiento de la primera víctima y tras esas esperpénticas declaraciones. Hoy, los muertos en España se cuentan por decenas de miles y escuchamos cada día sandeces similares de nuestros próceres. Pero aquí no dimite ni dios.

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Educación: entre asco y vergüenza