El inglés, el cura y el profesor


Mientras usted está en su casa leyendo esto, yo ando metido en un Seat 1430 recorriendo España y Portugal con Graham Greene y unas cajas de vino Marqués de Murrieta. Al volante, un profesor de inglés llamado Aurelio Verde, que todos los años deja plantada a su familia en agosto para emprender esta aventura; y detrás, cajas de vino por medio, un cura gallego, de Penedo de Avión, tierra de millonarios, llamado Leopoldo Durán, Poldo. Esto ocurre en los años ochenta y lo cuenta Nuria, la hija periodista del conductor del vehículo. Yo, mientras leo las pruebas de imprenta de su libro -que se va a titular El verdadero tercer hombre-, me he subido al coche en marcha. Dice la autora que Leopoldo estaba enamorado de Greene. Que era un amor obsesivo. Lo cierto es que todos los estudios, todas las enseñanzas, todas las conversaciones de Durán giraban en torno a Graham Greene. Y el inglés, católico, dipsómano, socarrón e irreverente, se dejaba querer. Yo leí por primera vez a Greene en 1979, cuando estudiaba inglés. Era un libro de clase titulado 21 Short Stories que me dejó pasmado. El inglés era un tipo alto y elegante, que había flirteado con los servicios secretos -en estas páginas se narra la visita que hace en Moscú a su amigo Kim Philby, por ejemplo- y al que, según cuenta Nuria que le cuenta su padre, le negaron el Premio Nobel por haber tenido una aventura amorosa con la mujer de un miembro del jurado que, ante la traición, se quitó la vida. ¡Y usted ahí, leyendo esto como si nada!

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