Series a toda velocidad


Un nuevo frente de batalla se cierne sobre los creadores audiovisuales y las plataformas que distribuyen sus trabajos. Si primero ambos sectores se enfrentaron por declarar si el mejor servicio al arte se hacía con la exhibición en cines o en el salón de casa, un nuevo desafío se ha abierto ahora que Netflix permite modificar la velocidad de reproducción. Desde algunos dispositivos ya es posible ver las series más rápido de lo normal, como si quisiéramos sacárnoslas de encima enseguida y pasar pronto a la siguiente. O más lentamente, según los gustos.

La cosa está así. Los directores opinan que una película o una serie deben ser vistas como han sido concebidas, con su ritmo, sus silencios, sin escatimarle minutos a cada sesión. Pero las plataformas que presumen de conocer al espectador detectan otras inquietudes. Hay gente que consume series compulsivamente, quien quiere liquidar capítulos pero no tiene tiempo, quien se cansa pronto de un título y salta directamente al episodio final solo por saber cómo acaba. Para ellos Netflix, emulando a YouTube, permite consumir el producto como comida rápida, igual que el que lee el resumen de un libro en lugar de saborear sus páginas. También es posible hacerlo más lentamente, algo que agradecen quienes leen los subtítulos para aprender idiomas o para salvar un problema auditivo. ¿Altera eso la calidad de una obra? El debate está abierto.

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