La única certeza es la incertidumbre


«No es usual que personas legas en la materia opinen sobre cómo solucionar las averías en artilugios humanos muy complicados, como el sistema de posicionamiento de un satélite de comunicaciones o una lente del telescopio Hubble. Sin embargo, he oído decenas de veces a personas bienintencionadas, pero poco informadas sobre los mecanismos que gobiernan la naturaleza, proponer con mucho desparpajo soluciones a muchos problemas que son incomparablemente más difíciles de resolver, como una epizootia de sarna sarcóptica».

Este párrafo, que mi amigo el biólogo evolutivo Carlos Herrera escribió en un artículo de divulgación publicado hace más de una década, viene, en mi opinión, que ni pintado para explicar el espectáculo de críticas, insultos, denuncias, etcétera, sobre la gestión científica de la crisis del covid-19 desde determinados foros, e insisto en el término científica y no política.

Se ha criticado a Fernando Simón por afirmar el 31 de enero, y no en marzo como se publicó, que «España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado» de coronavirus, porque hasta esa fecha no existía transmisión comunitaria más allá de una provincia de China. Esos eran los datos científicos en esa fecha y esa afirmación, que él mismo matizó en la rueda de prensa, respondía a la realidad.

Fue a partir del 2 de marzo cuando, a raíz del partido entre el Atalanta y el Valencia celebrado diez días antes, se tuvo evidencia de lo que estaba ocurriendo. A partir de ahí, cuando los datos científicos eran otros, los expertos cambiaron la mirada sobre la pandemia -por cierto, declarada el 11 de marzo por la OMS- y se comenzaron a tomar las primeras medidas. Por tanto que famosos epidemiólogos, como Eduardo Inda o Pablo Motos, opinen sobre el papel de Simón en esta crisis tiene la misma validez que su opinión sobre la sarna sarcóptica.

No está de más recordar, también, que hasta hace unos meses buena parte de la población desconocía lo qué es un epidemiólogo y solo un pequeño porcentaje podría explicar qué es un virus o una mutación. Pues bien, al igual que dentro de cada ciudadano hay un árbitro de fútbol o un guardia de Tráfico, nos hemos convertido repentinamente en un país de virólogos con capacidad para evaluar el trabajo de nuestros científicos.

Cuestión bien diferente es que cualquier ciudadano cuestione algunas medidas políticas de la gestión porque, aunque es mucho más fácil predecir el pasado que el futuro, está en su derecho. Sin duda ha habido errores políticos en esta crisis, por cierto, a todos los niveles de la Administración, como los ha habido en el pasado con los recortes sanitarios, pero no es bueno mezclar churras con merinas.

Decía Stephen Jay Gould, también biólogo evolutivo, que las certezas son material de trabajo para políticos y sacerdotes, pero los científicos se mueven en la incertidumbre. A veces nuevos escenarios reales exigen que la gente tome decisiones con un conocimiento incompleto o incierto de los datos; por suerte, frente a las certezas de los políticos y opinadores, los científicos estamos acostumbrados a convivir con esa incertidumbre.

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