Ruido y pereza política de agosto


Llegó agosto. Y llegaron las vacaciones de los líderes políticos estatales (la lucha contra el rampante covid le corresponde a los autonómicos). Hay muchos asuntos en marcha en segundo plano (los presupuestos, los pactos para el poder judicial, las elecciones catalanas), pero los primeros espadas dejan el primer plano de la actualidad y encomiendan a algún dirigente afín y de verbo ágil que defienda la plaza. Es decir, que comparezca con mucha frecuencia, entre a todos los temas y haga ruido, mucho ruido, para intentar disimular la ausencia del líder. 

En el PP, esa tarea no del todo ingrata, le ha tocado este año a Javier Maroto, el político vasco que fue designado senador por Castilla y León. Su alocución dominical estuvo dedicada a Vox y a esa curiosa moción de censura que anunció y no presentó, antes de irse de vacaciones, Santiago Abascal. No había muchas dudas de cuál era el objetivo de Vox con esa maniobra condenada al fracaso. Ni patriotismo ni gaitas: solo darle una patada a Pablo Casado, pero por vía interpuesta, en el culo de Pedro Sánchez. Si quedaba algún escéptico, estas palabras del parlamentario popular sobre Abascal le harán caer del guindo: «No es razonable decir que España esté en emergencia y plantear esa iniciativa tras un mes tumbado en la hamaca».

Dando por descontado que la coalición aguantará a corto y medio plazo a no ser que implosione por sus querellas, el covid o la crisis económica que viene, la batalla política más interesante e intensa en los próximos meses se librará en el espacio político conservador. Lo que pasó el 12J en Galicia y el País Vasco y el regreso de Ciudadanos al pactismo configuran un nuevo escenario. Sin unión y sin mirar al centro, tocar poder solo será una ruidosa quimera.

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