Otra forma de sentir la crisis


Muchos ciudadanos españoles, especialmente los que estamos más cerca de la sepultura que de la cuna, comentamos a diario, con incomprensión y horror, cómo el llamado ocio nocturno -compuesto en buena parte por alcohol, drogas, botellones callejeros, madrugadas interminables y sus consecuentes y variados excesos- se ha convertido en la vía preferente para los crecientes contagios de covid-19 que se generan en nuestro país. Y nadie entiende por qué -mientras se le abre un expediente al funeral celebrado en la basílica de la Sagrada Familia- se observa tanta timidez y cobardía, por parte de las autoridades, a la hora de cerrar toda esa patulea de excesos incontrolables, y no se aplican con rigor las leyes que protegen el sueño de los ciudadanos y el orden y la limpieza de las calles. Al tiempo que evitan las relaciones tumultuarias que enredan y distraen de su labor a la mitad de los policías que están de servicio en el país.

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Otra forma de sentir la crisis