«Cabe la posibilidad de que a una parte de los políticos del país se le haya olvidado que tienen un compromiso con la sociedad»

Isabel Díaz Ayuso durante una visita al estadio Wanda Metropolitano
Isabel Díaz Ayuso durante una visita al estadio Wanda Metropolitano

Un poquito de integridad

Cabe la posibilidad de que a una parte de la representación política de nuestro país se le haya olvidado, por su desconocimiento intelectual, que tienen un compromiso inexorable para con nuestra sociedad.

Las delirantes propuestas de los partidos de la oposición o de la Comunidad de Madrid responden más a la necesidad perentoria de rivalizar con inquina contra el Gobierno central, que a la diligente empresa de aportar ayuda para mejorar un abrumador futuro económico y sanitario.

Sandeces como la cartilla covid-19, mociones de censura con preaviso, la opacidad del número de contagiados y la falta de premura en la toma de medidas junto con los ridículos memes, tan en boga en sus cuentas de redes sociales, ensucian nuestros principios democráticos.

Lanzamos imprecaciones por la falta de responsabilidad de la juventud, pero observando a estos vendedores de humo, queda constancia de la falta, años ha, de un sistema sólido educativo que forme a personas en unos valores más íntegros. Nos queda el consuelo de que no todos actúan igual. Paula Martínez Mouzo. A Coruña.

Recuerdos

Hace unos días coincidí con un mecánico electricista del automóvil ya jubilado que se unió al taceo en el bar de la parroquia, con el que me unía una amistad nacida del arreglo de mis dos coches. Hacía tiempo, quizás años que no lo veía, a pesar de vivir en el mismo ayuntamiento. Recordamos viejos tiempos y nos contó que aún recordaba el primer trabajo en la inauguración de su taller, y también el último, -que precisamente fue a mi ya viejo Megane-. Y que una de las cosas que más le incomodaban y fastidiaban era tener que pagar una ronda a algún que otro paisano y excliente que seguían siempre haciéndose los remolones y que aún le debían el trabajo y material de la avería del coche. Y que más de una vez a punto estuvo de preguntarles si le funcionaba todavía bien dicha reparación. Que no es que fuera por el importe, pero que le mortificaba cada vez que veía a alguno de aquellos mal pagadores, que no los olvidaba; algunos que solían pagar a plazos, siempre acababan dejando el último como olvidado. Mi amigo y vecino, el más viejo de la parroquia, le consoló entre taza y taza con que, a mal pagador, más vale darle que fiarle y que en todas las profesiones todos quieren tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Lo difícil es criar al hijo, regar el árbol y que alguien lea el libro. Y dice bien. José Rodríguez. Negreira.

El TOC, peor que un virus

Durante el estado de alarma hemos sufrido todos, pero unos más que otros. El confinamiento y las medidas de higiene, así como la distancia social y el uso de la mascarilla son vivencias nuevas para los neurotípicos (la gente normal), pero no así para los enfermos de trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). Yo estoy acostumbrado, desde los 15 años, a separarme de mi prójimo unos 15 o 20 metros porque creo, desde esa edad, que está contaminado.

Me lavo las manos unas treinta veces al día; al llegar a casa me quito la ropa interior y la tiro a la basura, me practico cortes en la piel con una cuchilla de afeitar para descontaminarme, me ducho varias veces al día... El TOC no es un virus, pero es un monstruo que mi mente ha creado para que el mundo exterior no me agreda, no me contagie, no me anule como persona, no cambie mi identidad. Ahora bien, con el transcurso de los años se ha rebelado contra mí y es él quien manda sobre mí en la actualidad; mi «peculiar hedonismo» hace que halle placer en ser su esclavo y no en ser un hombre libre. Y si mi enfermedad sigue por estos derroteros, me espera la desesperación como triste destino. El covid-19 está matando a más gente, lo sé, pero el TOC es una patología mental que el Gobierno ignora. Cada día se quitan la vida diez personas en España; supongo que esta ratio aumentará. Nosotros necesitamos, pues, dos vacunas. Ojalá ninguna de las dos llegue tarde. Manuel Castellanos. Murcia.

La basura del virus

Sigo prefiriendo pensar que el confinamiento nos ha hecho reflexionar sobre nuestro papel en el mundo. El virus nos convirtió en los seres más vulnerables y para mí fue una especie de cura de humildad. Pero veo que muchos de mis congéneres siguen como si nada, maltratando el medio ambiente, ensuciando calles y playas, y ahora con mascarillas. Descorazonador. Flora Piñeiro. San Sadurniño.

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