¿Tocaba hablar de Ana Obregón?


Lejos de parecerse a aquella cadena festiva en la que se rompían las normas del entretenimiento para aumentar la alegría del espectador, a Telecinco le va bien últimamente hablar de desgracias. Nada hay de aquellas Crónicas marcianas en las que Sardá, Boris, Latre y Fuentes se saltaban los códigos para matarnos de risa, y poco queda de aquella frescura primera de Sálvame en que Jorge Javier sacudía con su ingenio a los mamotretos del corazón. Poco hay digo, porque se han empecinado en los últimos días en relamerse en los golpes de la vida. Después de la muerte del marido de Paz Padilla y de que Mila Ximénez contase su cáncer y metástasis en el Deluxe, con pelos y señales, el domingo Hormigas Blancas se estrenó con el repaso a la vida de Ana Obregón. Una vida que ya no es tal desde el fallecimiento reciente de su hijo. Ver una y otra vez las imágenes de felicidad de esa mujer con su niño pequeño, analizar su dolor, volver a repasar las fotografías del cáncer de Aless Lequio justo en este momento, cuando apenas hace unos meses que lo acaban de enterrar, produce ese rechazo natural del respeto. Es posible que Hormigas Blancas haya tenido una buena audiencia porque también en televisión «hai xente para todo», pero iniciarse con Ana Obregón que siempre ha representado esa alegría desmedida del show justo cuando no puede ni tenerse en pie del dolor, semeja un oportunismo dañino. Pero hablar de ella era lo más fácil.

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