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¿Y si los calvinistas tuviesen razón?

Abel Veiga TRIBUNA

OPINIÓN

FRANCOIS WALSCHAERTSPOOL

27 jul 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuatro días de tensa reunión. No es mala noticia. Había interés. Máxime siendo conscientes todos los países de la Unión de vivir un momento crucial, incluso para el devenir inmediato de la propia Unión. Reino Unido ya es pasado en ese camino de idas y vueltas. Curiosamente los países pequeños, de suyo de ética protestante, han jugado al enroque y, a priori, ante el escepticismo complaciente de franceses y alemanes, que han mirado e incluso oteado desde la distancia inmediata el espectáculo, y no salen mal parados cuál árbitros de conveniencia.

Más créditos que subvenciones. Freno a la manga ancha y manirrota. Desconfianza a raudales, injusta pero que martillea como viejo e impenitente sambenito a los países latinos del sur, vieja ética calvinista frente a los países que abrazan un catolicismo de conveniencia. Como si aquélla fuere superior a la nuestra, con o sin Weber vigilando desde las atalayas sociológicas del pensamiento. España tiene que hacer deberes. Y muchos. Ya no vale lo hecho, poco y a trompicones después del rescate bancario. Sí, rescate, habida cuenta que Bruselas endilgó a la responsabilidad del Estado y no de las rescatadas la devolución multimillonaria para salvar el naufragio de las cajas de ahorro y el atragantamiento bancario.

Ahora se presta dinero y se endurecen las condiciones. Buen resultado a priori para España, pero, disipada la borrachera de un mediano éxito efímero -mejor esto que esperar a fin de año-, las pensiones, lo laboral, el desempleo, los recortes tienen que centrar la agenda del Gobierno y de la oposición. Y con máxima urgencia.